Gatos Mundo Animal

Una pantera agradecida robó el corazón de María T y su familia

La gatica superó el abandono y el estigma de la mala suerte. Hoy es feliz en compañía de sus humanos

Bendito fue el día en que la desafortunada Pantera apareció golpeada y sin algunos dientes en el basurero que colinda con el hogar de la familia Pérez Yamarte.

María T junto a su padre, no aguantaron la curiosidad de saber que era eso que se movía entre las bolsas negras y el montón de desechos. Pantera, una gata como de dos o tres años de edad, yacía triste y abandonada en aquel montón de desecho, víctima de la deshumanidad disfrazada de gente.

Sin embrago este era el comienzo de una nueva vida para la buena Pantera. Ella, tan negrita y tímida, tan leal y agradecida se dejó salvar por María T y su padre Antonio, quienes hicieron las diligencias para instalarla en el estacionamiento del edificio donde viven, no sin antes llevarla a que fuera chequeada por un veterinario.

«Pantera es especial para nosotros por el hecho de ser agradecida, una vez que la acogimos, jamás se fue», relata María T, quien confiesa no entender como aún a estas alturas hay personas que se dedican hacer daño a los seres vivos.

Tras la visita al veterinario todo salió bien para Pantera, unos golpes leves y unas pérdidas de piezas dentales es todo lo que dejó su antigua vida de maltratro y abandono.

Profesiones vemos, corazones no sabemos

Pantera sin prepararse para posar

Como una buena sobreviviente la gatica no tardó mucho en adaptarse a su nuevo hogar. De hecho fue bien acogida por la mayoría de los doctores que contaban con consultorios médicos en los pisos más arriba del estacionamiento donde habitaba Pantera.

«Los médicos del edificio la amaron. Muchas personas durante años le donaban alimentos, pipetas de pulgas y le cubrían cualquier gasto que necesitara», comenta María T.

No obstante, también estaba quienes le irritaba la presencia de Pantera en el edificio y bajo un falso estigma «de que los gatos son una plaga» y más los negros, «porque son para brujería y traen mala suerte», amenazaron en dos ocasiones con envenenar a la pobre Pantera que nada sabe de brujería ni mucho menos de mala suerte.

Para no caer en riñas y lo más importante salvaguardar la vida de la gatica. La familia de Pantera decidió llevarsela a Socopó, en el estado Barinas. Un drástico cambio pero todo sea por alejar a pantera de la ignorancia y crueldad que no distingue de profesión ni clase social, tomando en cuenta que la que quería envenenarla era también una «profesional de la salud». Por eso profesiones vemos, corazones no sabemos.

Hoy Panterita ya es una gatica viejita, pero se conserva. Nunca tuvo novios, con el amor de sus humanos le bastó. Eso sí es bastante territorial, la casa es de ella y nada más. Sigue llorando como si la estuvieran matando cada vez que tiene que despedir algún miembro de la familia por un viaje que tengan que hacer. «Tal vez rememora el trauma de cuando fue abandonada», explica María T.

Sin embargo esta gatica hoy está más segura que nunca bajo la compañía de la señora Carmen y Jésus, quienes son la Mamá y el hermanito menor de María T. Los tres comparten la casa y se hacen compañía. Que buena fortuna la de Pantera, ese día que tropezó con la familia Pérez Yamarte y ellos la acogieron como una más del clan.

Lo mejor de los gatos

Aunque María T es amante de todos los animales y podría tener de mascota hasta un cocodrilo (si fueran domesticables), confiesa que la compañía de un gato es una de las que más difruta. «Son sumamente asiados, independientes y fieles», dice.

Lejos del estigma de que son traicioneros e interesados, para María T los gatos son seres nobles y agradecidos, solo que no son tan necesitados de atención como los perros. «Buscan su espacio y cuando quieren se acercan a ti para que les des cariño», sostiene.

Por último, esta amante de los animales considera que los gatos son de hecho la mejor opción para aquellos que no cuentan con mucho tiempo. «Los gatos no necesitan que los saques a pasear, ni que los bañes de manera cotidiana. Ellos solitos hacen lo propio», concluye María T.

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