Mundo Animal

Una historia de amor en un zoológico de Paraguaná

Conoce la historia de amor de Pepe y La Vieja, dos monos arañas que se volvieron inseparables

En el año 1988 al trasladarnos al Parque Sur de Maracaibo, para un intercambio rutinario de varias especies; conocí a una simpática mona araña, que se vino en el lote porque estaba en la lista de excedentes -es decir habían muchas de su clase en el parque-.

En ese momento nos comentaron que la había llevado al zoológico una familia, éstos la cuidaron durante varios años. No se sabía la edad exacta de esta monita, pero se podía deducir, que su edad era avanzada, había pasado 8 años entre humanos.

Decidimos traerla, la llamamos la Vieja; rápidamente nos dimos cuenta que la habían tratado bien en su antiguo hogar, le encantaba rascar la cabeza de la gente, nos daba besos con intenso cariño; así que al transcurrir del tiempo se convirtió en un personaje.

Durante el viaje Vieja estableció relación con un mono macho de su misma especie, el cual bautizamos Pepe. Lo trajimos con la idea de unirlo, con una mona joven de nombre Olivia que vivía en el parque y que necesitaba reproducirse, para aquel momento.

Muchas familias compran monos en las carreteras, pero cuando ven que demandan mucha atención, prefieren dejarlos en manos de cuidadores, zoológicos y afines.

La Vieja y Pepe pasaron la cuarentena juntos.

El día que decidimos llevar a Pepe para que conociera a Olivia y formara una familia, nos sorprendió lo que aconteció.

El encargado del área de primates nos comunicó, que Pepe se encontraba muy triste, había pasado todo el día observando la puerta, por donde había entrado al nuevo ambiente; que tampoco le había hecho caso, ni gracia, los arrumacos de Olivia la monita joven, que como estaba en pleno celo trataba de cautivarlo para que la montara.

Al otro lado, la Vieja se quedó extendida en el piso y por varios días no probó alimento en señal de protesta; quería morir de inanición; a pesar de que todos le suministramos varios alimentos que sabíamos eran de su preferencia, aun así permanecía en ayunas y dispuesta a morir.

Los cuidadores se preocuparon y decidimos traer a Pepe de vuelta con su compañera de viaje.

Al regresar Pepe al percibir a la Vieja triste y deshidratada, él la estrecho entre sus brazos, la beso en la boca, reviso detalladamente cada parte del cuerpo de su consorte. No sé por qué este momento nos conmovió tanto, que no pudimos controlar nuestras emociones, todos los empleados que observábamos, hombres y mujeres lloramos.

Súbitamente el primate comenzó de nuevo a comer al lado de su acompañante. El final de esta historia fue que ella parió de Pepe una monita; el parto fue muy difícil por la edad biológica que ella tenía. En el alumbramiento hubo retención de placenta, el médico veterinario de la institución, favorablemente  pudo extraer el órgano adherido al útero. Esta pareja inigualable por su amor eterno, pasó varios años juntos, hasta que la muerte los separó.

Foto refencial

Otra anécdota de este inolvidable dúo, narrada por los vigilantes de la época, era que Pepe hacia un boquete en la malla de la jaula y la Vieja se escapaba todos los días en la mañana, paseaba por todo el parque, hasta que la cargábamos y ella tranquilamente regresaba  a la jaula; Pepe lograba esta hazaña, a causa de que estos monos, tienen una extraordinaria fortaleza y una destreza manual digna de admiración. 

Aprovecho esta nota, para pedirles que por favor no compren animales en las carreteras, reinsertarlos es complicado o casi imposible, además de que esa cadena de tráfico de fauna silvestre está llena de sangre, no seas cómplice.

Esta es una historia de amor real, ocurrió en Venezuela, la compartí a través del blog de la Fundación KikiriWau, con la autorización de Marisabel Santana.

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