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¿Tu cachorro recién llegado no para de gemir por las noches?

Cuanto más pequeño sea el perro más duro será para él adaptarse y más temores instintivos tendrá

Las primeras horas de un perro en una nueva casa constituyen una de las situaciones más bonitas y a la vez más estresantes, tanto para él como para nosotros. Y se trata de un proceso que dura varios días, incluso semanas.

El animal deberá adquirir una familiaridad con tu hogar que a priori no tiene, y se sentirá en situación de desarraigo si aun no te conoce ni está familiarizado con ningún aspecto de tu casa.

Cuanto más pequeño sea el perro más duro será para él y más temores instintivos tendrá. Esto se hace mucho más patente cuando se trata de un cachorrito. Como sabes, la edad mínima aconsejada para que un perro deje su camada y la seguridad de su madre cambiando a un hogar definitivo se suele fijar en ocho semanas, pero en ocasiones podría ser algo menos si las circunstancias obligan. ¿Qué pasa si el cachorro aún no está preparado o si sufre de estrés por este proceso de adaptación?

Existen distintas formas de pensar sobre si a un cachorro recién llegado hay que educarlo desde el principio para mantener cierta independencia y asentarse en la nueva casa enfrentándose a sus miedos, sin hacernos esclavos de sus temores. Existen otras tendencias que dicen todo lo contrario.

Las dudas estriban sobre si por la noche hay que permitirle o no dormir en nuestra habitación, que es lo que él realmente demandará para dejar de gemir, o si por el contrario esta es una cesión vinculante de la que nos arrepentiremos más adelante. ¿Es mejor ignorar sus llantos nocturnos o asistirle? ¿Corremos el peligro mal acostumbrar al cachorro y que se vuelva un perro caprichoso y dependiente?

Una tendencia que tiene mucho que ver con los ‘cachorros’ humanos

Que como seres humanos tengamos esta duda sobre si asistir o no a un cachorro de perro de noche tiene mucho que ver con cómo nos hemos desarrollado nosotros como especie, y de forma muy concreta en este periodo de tiempo y en occidente. El objetivo hacia nuestros propios hijos es que sean lo más autónomos posible desde el tercer mes, si es posible que duerman en su habitación sólos y únicamente interactuar para las tomas nocturnas. Este es un objetivo mayoritario, aunque no siempre se logra conseguir ni todo el mundo está de acuerdo. 

Bajo esta forma de educar a los propios hijos, se tiende a establecer un método que consiste en no asistir de forma inmediata al bebé, sino espaciar nuestra ayuda de forma que el bebé no acabe asimilando que ante cualquier llanto suyo obtendrá una atención inmediata ilimitada. Existe un método denominado Estivill, que toma el apellido de uno de sus creadores, que pauta cómo desligar nuestras noches como padres del insomnio natural de los bebés, y que consiste en no reaccionar de forma inmediata ante el llanto.

¿Es bueno o malo desligar nuestra asistencia del llanto de un bebé o de un cachorro de perro? No existe consenso acerca de esto, y realmente parece que el único punto objetivo es nuestro bienestar y la calidad de nuestro propio sueño, tan necesario para rendir al día siguiente y mantener una estabilidad necesaria.

Por tanto, el objetivo de querer dormir a un bebé en su cuarto y que no precise de nuestra ayuda a medio plazo es conseguir noches con mayor calidad de sueño para nosotros. Y en el caso de los animales el objetivo es similar, cuanto más independencia tenga el perro, más calidad de sueño presumiblemente tendremos. ¿Pero esto es realmente así?

El otro filo de la moneda en cuanto a las noches 

El motivo por el que un bebé humano y un cachorro de perro lloran por la noche es muy similar, y tiene que ver con su programación instintiva: no quieren estar solos porque como mamíferos gregarios que son, sabiéndose indefensos, desean percibir el cobijo de la manada. Se trata de una cuestión tan sencilla y tan primaria como esa. Simplificando mucho, lo único que quiere un perro para dormir es saberse acompañado, porque su cerebro recibe la orden de buscar ayuda de su manada para no estar solo y ser defendido si ocurre un ataque. En el caso de los bebés humanos la situación no es muy diferente.

Centrándonos en el caso de los perros, la decisión es tuya. Debes saber (por si no te has dado cuenta) que el perro dejará de llorar si le permites estar en tu misma habitación, aunque probablemente demandará estar en tu cama. Tomes la decisión que tomes, la indicación general para que este problema no se haga mayor consiste en no gritar, no violentar o no castigar al animal porque no hace lo que tú quieres que haga o no se comporta como te gustaría. Todos los refuerzos negativos son involuciones que generan aún mayores daños a su adiestramiento que el hecho de acostumbrar al cachorro a dormir contigo.

Nuestro consejo, si estás en esta coyuntura, es que repliques el entorno segurizante que le daría una madre al cachorro, que es lo que te demanda. Accediendo a que duerma en tu misma habitación o, si lo ves necesario, en tu cama. Este hecho afianza lazos, apacigua su incertidumbre y no es en absoluto una cuestión de no retorno. El cachorro puede pasar en colecho unas semanas de adaptación y luego aprender que su lugar para dormir no es la cama humana, sino la suya propia, o incluso una cama fuera del dormitorio.

Es cierto que los perros necesitan decisiones alargadas en el tiempo, no podemos decirle a un perro que los lunes puede dormir en nuestra cama pero los martes debe dormir solo en el pasillo. Educar a un perro consiste en ser coherente, porque el animal no puede comprender qué variables de excepción te hacen a ti tomar una decisión los lunes y la contraria los martes, y una mezcla de indicaciones contradictorias resulta muy negativa para la educación del perro. Sin embargo, si tenemos en cuenta que podemos realizar colecho con el cachorro durante las primeras semanas y, cuando ya sea algo más mayor adaptar su cama independiente, y pasado un tiempo que duerma incluso en otra habitación, este desarrollo pautado y por bloques no incurriría en contradicción y sería fácilmente comprensible por el can.

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