Perros Tu mascota

Todas mis tesis, se las dediqué a mi perrita Kelly

Una perrita mestiza nunca espero ser tan bien recibida por todo los integrantes de la familia

Un día mi hermano mayor salía del liceo con sus amigos, iba pasando por La Vega, por un lugar que le llamaban “La Protectora de animales” y habían dejado una cajita con perritos, todos mestizos y él agarró a uno.

Llegó a la casa con una bolita de pelos chiquitica, la alimentamos  con algondoncitos humedecidos de leche, era tan pequeña. Recuerdo que cuando se hizo más grande, la alimentábamos como a nosotros, con lo mismo.

En casa éramos papá, mamá, mis dos hermanos y yo. Cada vez que mamá servía la comida, había una ración más para Kelly, así la bautizamos. Era una hermana más. La hermana menor.

Mamá hacía una arepa para Kelly, un plato de sopa para ella, una ración de pasticho… la verdad, sabíamos muy poco de animales, pero ella debía comer y siempre tenía agua en su platico.

Kelly llegó a casa y yo estaba en sexto grado, tenía franela blanca, nos acompañó en cada etapa de nuestras vidas, definitivamente no habría sido lo mismo sin ella. Era una personita, si estaba en el mueble y llegaba visita, le buscábamos una silla a la visita, pero mover a Kelly de ahí, jamás.

Una vez la llevamos de vacaciones a Higuerote, la cuidábamos mucho y nuevamente repito, no sabíamos mucho de perros, solo cuidábamos a Kelly, como a una niña, anque una vez se nos escapó con una manada de perros que estaba cerca de la casa.

Mi papá todo preocupado, todos angustiados, fue horrible. Cuando por fin regresó fue en compañía de un perrito que no tenía un ojo. Nos volvió el alma al cuerpo, no sabíamos si alegrarnos o regañarla, pero estaba allí, de vuelta con nosotros.

Desde ese momento, la familia viajaba y yo me quedaba con ella, porque eso no podía volver a pasar. Kelly fue mi compañera de vacaciones en punto fijo, playa seca, juntos, nada nos faltaba.

Yo me gradué del colegio y dediqué mi tesis “a Kelly” y luego me gradué en la universidad y nuevamente, mi tesis “a Kelly”, la gente me preguntaba ¿quién es Kelly, tu hermana, tu novia, tu mamá? Y yo contestaba: mi perra.

Muchos no daban crédito a nuestro amor y la dedicación que le teníamos. Mi papá llegó a quererla tanto, que hacía paradas por ella, en Crema Paraíso para llevarle helado y también llegaba a veces con cocosettes o sussys para ella y por añadidura también para todos.

Una navidad, mi papá mandó a hacer un vitral con la medias de Navidad, esas que se le ponen a Santa en la chimenea, pero obviamente no teníamos chimenea, pero era un detalle para decorar la casa.

Las medias tenían los nombres de los miembros de la familia, por supuesto, el de Kelly, también estaba allí.

Uno de mis sobrinos había estado de cumpleaños días anteriores y había uno de esos gorritos como un cono y le celebramos el cumpleaños a Kelly, como el día en que llegó a nuestras vidas, fueron sus 16 añitos.

Recuerdo que era temperamental, cuando se hacía en casa en medio de una reunión, mis amigos bailando en la sala y de pronto me llamaban y aparecía yo con un coleto y un desinfectante para aromatizar el área jajaja.

Nunca tuvo crías, La llevabamos al veterinario a sus controles y vacunas y siempre fue muy sana. Pero ya a sus 16 años, Kelly empezó a deteriorarse y un día colapsó. Y corrimos al veterinario.

Cuando fuimos no había mucho que hacer, la verdad es que le dimos todo el amor que pudimos darle, salir de casa con ella en brazos y regresar sin ella, es una sensación que no le deseo a nadie.

Al llegar mi papá se ponía las manos en la cabeza, en señal de negación, fue duro. Recuerdo que un vecino nos tocó el timbre y solo le abrimos para decirle que no podíamos atenderlo, que estábamos indispuestos.  La familia había perdido a la chiquita de la casa.

El hueco en el alma fue demasiado grande, que ningún otro perro ha podido llenarlo. En aquella época, no había teléfonos inteligentes como ahora y sólo tengo de ella un tazo que hice un 25 de diciembre, con una máquina de tazos, que en aquella época, estaba muy de moda y fue el regalo de mi sobrino.

MI Kelly, mi gran Kelly, vuela alto y espero nos volvamos a encontrar, para poder abrazarte como siempre y sentirte nuevamente, poder mirar esos ojos que sabían hablar. Te amaré siempre, gracias por esos maravillosos 16 años.

Para ti, Kelly, gracias, te amaré siempre

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