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Sin prejuicios ni etiquetas, para Eneida «ser diferente es algo común”

Eneida utiliza el poder sanador de los animales en terapias para niños con alguna condición especial

Cuando conversas con Eneida casi de inmediato te deja ver que aunque educa , rescata, y ha hecho de su vida un caminito de vivencias esperanzadoras para niños y animales por igual. No le gusta cargar con títulos ni etiquetas que la cataloguen como «la rescatista» o «la psicopedagoga».

A medida que profundizas en el diálogo comprendes el por qué Eneida se resiste a ser estructurada bajo una formalidad social. Son esos prejuicios y etiquetas los que justamente obligan a separar al blanco del negro, al perro del gato, al azul del rosa, y a la gente normal de la especial, dando así pie a la intolerancia, la exclusión y la violencia.

Convencida de que «ser diferente es algo común», Eneida desde chama se enamoró de la docencia mención Educación Especial, además, relacionó el amor y la capacidad de sanar que tienen los animales con el trabajo terapéutico y de acompañamiento que brinda a niños con diferentes diagnósticos conductuales o intelectuales. Por eso no es raro que la vida le haya puesto a dos coterapeutas en versión perro y gato, diferentes en esencia, pero tan complementarios y necesarios para esta labor.

Eneida junto a Doky

Doky y Brinco, los mejores coterapeutas de Eneida

«Todos los animalitos tienen la capacidad de sanar, de curar, de ayudar, de nutrir. En mi caso Doky que es mi perro y Brinco mi gato, cada uno cuenta con caracteristicas particulares que suman a la terapia», refiere Eneida.

Comenta que Doky, por ejemplo, es interactivo, participa en las dinámicas, juega, corre, regula, controla, calma, les permite tener el control, establece lÍmites, les enseña a compartir tanto juguetes como comida, estimula el lenguaje, así como también les permite manejar autocontrol cuando lo pasean y llevan de la correa .

«Acá han llegado niños, sin lenguaje expresivo oral, sin interacción, y Doky se convirtió en su compañero de clases ideal. El vínculo ha sido tan fuerte que hay niños que la primer palabra que dicen es Doky», relata.

Doky interactuando con los niños

Por otra parte Eneida explica que Brinco, un gato negro e imponente, es el responsable de romper todo paradigma y estigma basado en su color y en su especie. Al contrario del perro, él motiva a la paz, serenidad y respeto de los espacios. «He tenido niños con temor hacia los gatos negros, que de solo verlos lloraban, ni imaginar una aproximación, y ahora cargan, besan y arrullan a Brinco hasta dormirlo», agrega Eneida.

Las terapias motivan al amor, respeto y cuidado hacia los animales

No solo las sesiones de terapias que brinda Eneida se enfocan en que sus chamos aprendan a integrarse al mundo a través del aprendizaje cognitivo y social, también su objetivo es que amen y respeten a todas las formas de vidas sin distinción de especies.

Por eso cuando un papá o una mamá de un niño con intereses o capacidades diferentes aparece en su puerta solicitando sus servicios, la primera prorrogativa que le lanza la especialista es que sin animales no hay terapia. Allí los padres no les queda más remedio que esconder sus prejuicios, especialmente con el gato negro, y dejarse guiar para vivir la enriquecedora experiencia.

Doky enseña a los niños a que sean sociables, interactivos, dinámicos

En el proceso los niños y niñas de Eneida se vuelvan amantes y defensores incansables de los animales. Tiene un caso en particular de una nena de 9 años que ya ha rescatado a gatos, pajaritos y hasta a un rabipelado. «Su último rescate fue un gato en una bomba de gasolina, lleno de aceite, lo recuperó y dio en adopción», confiesa su orgullosa guía.

Estos logros muchas veces sopesan los retos que aún quedan por sortear para finalmente vivir en una sociedad menos dispuesta a la crítica, al maltrato y al señalamiento de lo que según es diferente. La tolerancia, compasión y aceptación son palabras que aún cuesta practicar en el diario. «Mi trabajo es desafiante pero apasionante, cada logro por pequeño que sea es una conquista, cada paso es uno mas hacia el camino trazado, cada objetivo consolidado nos lleva al éxito», concuerda con optimismo y decisión la educadora.

Las terapias además de estimular la interacción social y el lenguaje, enseñan el amor por los animales

Hoy se puede decir que con su labor Eneida ha deja en alto la mejor herencia que sus abuelos paternos le pudieron transmitir: el amor y cuidado hacia los animales y no conforme vinculó esa pasión con otra muy arraigada en su familia: la capacidad de enseñar a otros, de estar allí cuando la luz del conocimiento se devela, la de ser una educadora, una guía, una aliada para conseguir que ese niño con una mirada distinta, con una realidad diferente, se sienta seguro, confiado de que en este lado del mundo también hay un lugar para él.

A Eneida, Doky y Brinco, aplausos de pie por su labor.

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