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Puchi y Zulay amigas inseparables por más de 10 años

La historia de la pequeña perrita y su abnegada humana es un ejemplo de lealtad mutua

En aquella jornada veterinaria Puchi destacaba de la multitud de perritos que se encontraban a su alrededor por su coqueto atuendo y su tierna mirada de poodle consentida.

Ella, una perrita blanca de diez años que parecía una cachorra por su pequeña estatura, pero más aún porque su abnegada humana la cargaba en brazos cada vez que ella se le colocaba en dos patas rogando atención.

«Ella es mi compañía, para donde voy la llevo conmigo. Nunca la he dejado sola, ella es parte de mi y de mi familia», detalló Zulay Rojas mientras miraba inerte a su fiel amiga peluda.

Puchi sobresalía por su coqueto atuendo

El amor por puchi fue desde su nacimiento

Este fuerte vínculo surgió cuando Puchi apenas era una pequeña bolita de pelos creciendo en la barriga de su perruna madre, quien por cierto fue la primera perrita que tuvo Zulay, y que lamentablemente después de doce años de inseparable amistad, un cáncer la hizo partir, eso sí dejando la continuidad de su lealtad y amor a través de la pequeña Puchi.

«Una vez intenté tener otra perrita para que Puchi se sintiera más acompañada y no, fue todo lo contrario. Puchi enfermó de celos. No dormía en su camita, no quería comer, andaba toda rabiosa y estresada. Fue tanto así que tuve que regalar a la otra cachorra a una buena amiga, con la promesa de que la cuidara como a una hija. Hasta ese día Puchi volvió a la normalidad», relata con gracia la humana de la malcriada perrita.

No al abandono ni al maltrato animal

La señora Zulay es de las que no consciente por ningún motivo el maltrato y el abandono animal. Considera que la ley debe ser severa con este tipo de personas. Defiende por sobre todas las cosas la idea de que los animales son un miembro más de la familia y como tal merecen el mismo cuidado, atención y amor que cualquier otro integrante.

«Ella lo que le hace falta es hablar. Pero entiende y es muy inteligente. Yo la enseñé a comer un poquito de vegetales, cuando puedo le compro carne molida para consentirla y su perrarina de siempre», comenta.

Puchi es más que una mascota para la señora Zulay es parte de su familia

Puchi y Zulay es el vivo ejemplo de la estrecha relación que puede forjarse cuando ambas partes se regalan respeto mutuo, amor y sobretodo compañía incondicional.

Los humanos estamos hechos para vivir en armonía con los animales de compañía, el que aún no lo ha experimentado debe darse la oportunidad de que un perro o gato lo reciba en casa por muchos años seguidos.

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