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Príncipe se perdió un diciembre, tremendo susto

Principe

Cuando los animales están identificados con su placa es más probable encontrarlos

Príncipe es un gato que llegó a la casa hace 10 años, va a cumplir 11 años en enero. Una proteccionista me lo dio en adopción y me explicó que siendo muy pequeño lo metieron en una lata de leche y lo tiraron por un barranco, esto lo dejo con una parcial sordera.

Era muy enfermizo, ya no, recuerdo además que cuando me lo entregaron, una abeja le había picado el cachete, mi pobre Príncipe desde que llegó, estuvo en tratamiento. Tenía entre 4 y 5 meses, no escucha bien, de hecho, le hablas y él pareciera que te huele.

Ese es Príncipe el día que lo fuimos a buscar, tenía 4 meses

Desde el primer día se hizo el mejor amigo de mi perro, ambos se aceptaron sin problema. Eso de que los perros odian a los gatos, no es del todo cierto. Por lo menos no en mi caso.

No obstante a príncipe no le agradó para nada la llegada de una nueva gatica.

Príncipe es un gato acuerpado y su único y mejor amigo era mi perro, era lo que conocía

Bueno, Ceniza sería la primera de muchos que empecé a rescatar y a tener en casa de hogar temporal, eso a mí gato no le gustó, al punto que se estresó mucho. Para ponerlos en contexto, yo vivo en un piso dos, pero mi vecina del piso uno extendió su techo como una terraza.

Esa terraza, se convirtió en el lobby del hotel y comedor de muchos comunitarios que yo empecé a alimentar, rehabilitaba y daba en adopción siempre que fuera posible. Mis ventanas tienen un piso y para evitar escapes, coloqué una malla protectora, para que mis gatos no se fueran a la calle y los de la calle no entraran a casa.

Yo rescaté un gato que empezó a atacar a Príncipe al punto que lo hirió y fue complicado. Y como los gatos son demasiado astutos, abrieron una pequeña salida y mi gato escapó. No lo encontré en mi cuarto, en ningún lado y fue ahí en el que noté el boquete en la malla.

Príncipe había escapado

Príncipe era un gato de casa, nunca había vivido en la calle como tal, no sabía defenderse, ni pelear por alimento, él le hace honor a su nombre, me angustié demasiado. Sabía no debía estar muy lejos de la casa.

Hice todo lo que dicen; puse la bandeja afuera, ponía comida que sabía era su favorita, ropa mía, lo busqué de noche y nada, me moría de la angustia de no saber dónde podría estar.

Pasaron 25 días y nada que se sabía de mi gato. Publiqué en redes sociales, en grupos, por el sector y nada, yo estaba como resignada y muy triste.

Una llamada

A todo mis gatos, siempre les coloco una plaquita con los teléfonos de mi esposo y el mío, era principios de enero,  me llamaron y yo estaba en la oficina y me dicen: buenas, miren aquí tenemos un gato que se llama príncipe.

Recuerdo que eran como las 10 de la mañana y yo no lo podía creer, mi esposo y yo estábamos sorprendidos porque nos dijeron que estaba en un preescolar ubicado detrás de mi edificio. Se pueden imaginar mis ganas de ir por él.

Pero llamé a mi hija y le pedí que buscara al travieso gato. Una maestra al regresar de las vacaciones decembrinas se atrevió a acercarse y al ver que tenía placa, no dudó en comunicarse.

Sabes lo que es todo el mes de diciembre prácticamente en la calle, con fuegos artificiales y mucha lluvia, yo me moría de los nervios. Hasta llegué a pensar que me lo habían robado.  

Cuando mi hija lo busca y lo mete en el kennel, lo llevó directo al veterinario, Principe pesaba 2kilos, en la calle el pobre pasó mucho trabajo, era un costal de huesos, se notaban sus costillas.

Él es un gato blanco y estaba gris del sucio, además tenía una herida gigante por debajo de la pata, estaba bastante delicado y débil, la veterinaria advirtió que por su delicado estado no podía colocarle anestesia, sería mucho riesgo. Al pobre le agarraron 12 puntos, estaba muy deshidratado y tan malito que ni lloró.

Mi Príncipe pesaba 8 kilos y de 8 a 2 kilos es demasiado en 25 días. La doctora nos dijo, pronóstico reservado, vamos a ver si se salva.

Le compramos todo el tratamiento y lo llevamos a casa, teníamos que hidratarlo y mi hija se encargaba de eso, porque nosotros estábamos en la oficina. Cada media hora había que hidratarlo.

Mi hija recuerda que estaba tan mal, que solo abrió los ojos, cuando la olfateó a ella, es como si él se sintió seguro por fin y se dejó hacer todo de ahí en adelante.

Tres días críticos

La veterinaria fue muy clara, pronóstico reservado es como decir puede que si, puede que no, pero cuidado, se puede morir, para que estés advertido. Eso para nosotros fue muy duro.

Como familia, todos ayudamos a Príncipe, a comer a defecar, lo hidratamos, le hablábamos lo mimábamos y él el tercer día empezó a lamerse y yo me dije, se va a salvar, porque un gato que se acicala, es porque se siente bien.

Patas de pollo, pollo solito, caldos y se salvó.

Aprendió la lección

Ahora siente truenos, huele lluvia y no sale del cuarto, se arrastrar y tiembla. Le quedó ese trauma, ya ni se asoma a la ventana, apenas y respira el aire de la ventana, quedó traumatizado el pobre, así habrá pasado trabajo. Aprendió la lección.

Es tanto lo aprendido, que hemos comido en la cama y él está acostado con nosotros, podemos comer pizza, pollo, sushi y Príncipe jamás se levanta a pedir, solo si le ofreces, él sí que sabe valorar el hogar, no como los otros locos que rescato y me roban el pollo que dejo recién cocido.

Así está Príncipe hoy y ya tiene 10 años

Príncipe nos deja varias enseñanzas

  • Revisa bien la malla para poder abrir las ventanas y ue sean a prueba de escapes.
  • Ponle siempre el collar y la plaquita, identifica a tu gato o a tu perro, ese es el único documento de identificación.
  • Si vas a rescatar animales, hazlo uno a la vez, piensa en el bienestar de todos.
  • Nunca dejes de buscarlo, nunca te rindas

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