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Por una navidades de más luz y menos pirotecnia

Los fuergos artificiales contaminan y perturban la tranquilidad de personas o especies sensibles al ruido

Todos los años se articulan campañas de prevención para el uso de pirotecnia en las fiestas decembrinas, y por lo general el saldo conocido no deja de ser preocupante, no solo para la salud de las personas, sino también para los animales y el medio ambiente

Además del daño a la salud causado por los fuegos artificiales como el estrés y otras consecuencias provocadas por el ruido de las explosiones, las quemaduras potenciales y las lesiones en los ojos y en los oídos, también debemos agregar el perjuicio ocasionado por las emisiones contaminantes sobre el aire. Cada detonación libera sustancias químicas nocivas y un humo cargado de partículas, contaminando el medio ambiente.

Este denso humo que produce la pirotecnia está compuesto principalmente por el polvo fino respirable y venenoso PM10  (partículas gruesas o de diámetro aerodinámico = 10 pm). 

Los artefactos pirotécnicos representan un peligro para la vida en todas sus manifestaciones. Los productos químicos que emana la pirotecnia también son peligrosos para los animales de compañía que viven en la zona donde son detonados, así como para las personas que padecen asma y otros problemas de salud, pero el polvo fino (PM10) no solo puede empeorar enfermedades existentes, sino también desencadenar otras. 

Con respecto a los animales y los efectos sónicos de la pirotecnia, podemos mencionar que el oído de la mayoría de los animales es considerablemente más sensible que el humano, por lo que las explosiones de fuegos artificiales (que pueden emitir sonidos de hasta 190 decibelios, 110 a 115 decibelios por encima del rango de 75 a 80 decibelios, donde comienza el daño para el oído humano, que da lugar a tinnitus y pérdida de la audición) no sólo es proporcionalmente más perturbador, sino que puede afectar a este agudo sentido de los animales. La pirotecnia genera un nivel de ruido más alto que el de los disparos (140 decibelios) y el de algunos aviones jets (100 decibelios).

Causar dolor y sufrimiento seguramente no es el objetivo de la festividad decembrina, tomar conciencia sobre estas consideraciones nos ayudara a tener unas mejores fiestas.

Texto Oscar Rotundo / Equipo Editorial de Misión Nevado

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