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Pitufa llegó a nuestra vidas huyendo de la pirotecnia

Los estruendos, el ruido descontrolado y el alboroto decembrino causaron un gran estrés en la perrita

Mi perra llegó a la casa por casualidad, recuerdo que un día mi mamá estaba botando la basura y cuando entró, se sorprendió con una perra que estaba debajo de la mesa toda asustada.

Yo la llamé, pregunté a todo el que ví por los pasillos y la perra no era de nadie. Supongo que con el estruendo de los fuegos artificiales, se volvió loca y con tanto susto corrió desorientada hasta llegar a casa.

Era pequeña y cachorra. La bautizamos Pitufa. Pitufa se quedó en casa, porque de verdad se petrificaba en la calle cuando sonaban los fuegos artificiales. Se volvía loca, a veces solo ladraba, otras veces corría por toda la casa sin rumbo, otras veces buscaba esconderse donde fuera.

Una vez, ese mismo diciembre que llegó, estaba tan aterrada que se enganchó el collar con un mantel y cuando se metió debajo de la mesa, se llevó todo lo que estaba encima, desde comida, bandejas de vidrio, de metal, jarras hasta los vasos.

Fue terrible, nos tocó dejar todo eso tirado y correr al veterinario, porque ella sangraba y como estaba tan asustada, no se dejaba revisar. No estaba agresiva, si no arisca.

Con todo el vidrio salpicado, uno lo tenía en la pata, no fue algo grave, pero casi.

Pasadas las navidades y el año nuevo, Pitufa se portaba bien, pero realmente no podíamos tenerla, así que empezamos a buscar un hogar para ella, que por cierto, nunca apareció.

Vacaciones

Siempre estuve con ella en feriado y vacaciones. No la dejé sola, una vez, nos la llevamos de viaje, alquilamos una casa y allí la tuvimos en el patio. Entraba, salía, el problema de Pitufa, es que era muy nerviosa.

Durante esas vacaciones, ella se portó de maravilla era súper obediente, pero ansiosa, entonces, de verdad era muy desastrosa. Mientras todos iban a la piscina, yo me quedaba con ella, si íbamos a la playa, yo iba con Pitufa pero siempre con su paseador.

Al más mínimo susto corría. Con razón se perdió y llegó a nosotros.

La consentíamos mucho, pero era toda una responsabilidad. Cuando planificábamos un viaje, desde dónde se va a queda y con quién que se a responsable. Nos daba mucho miedo.

Otras vacaciones, lo que hicimos fue dejarla en casa y una amiga cercana, venía a casa y la sacaba a pasear. Le dimos casi que un manual de instrucciones. Le ponía el agua y la comida y la sacaba a pasear.

De ese modo pudimos tenerla en casa por 10 años.

Sus últimas navidades   

Tratamos de darla en adopción, pero se quedó en casa

Aquella navidad, le compramos un vestido y le hicimos un regalo, lo pusimos en el arbolito. Le dimos en varias oportunidades una pastilla para calmar el estrés, pero no funcionaron ese año.

Pitufa ese año estuvo mucho más sensible, ladraba, se escondía, corría sin sentido y babeaba horrible. El veterinario nos indicó que la encerráramos con música suave y luz baja, pero tampoco funcionó.

Era como si fuera insoportable para ella, como si quisiera morirse. No podíamos controlar nada. Todo empezó el 10 de diciembre. El 24 le dimos su huesito de navidad, unos juguetes y ella no disfrutaba ni se calmaba.

Jadeaba como si estuviera agotada

El 25 de diciembre no había tanto ruido, ella soportaba la música, pero los disparos, estruendos de la pirotecnia, no. El 26 ella estaba más calmada, no le dimos la medicina, la sentimos más calmada.

La bajamos el 26 en la mañana como de costumbre y solo hizo popo, no orinó. Eso fue muy extraño. En la tarde la bajamos preocupados porque no había orinado y nada, tampoco hizo. Le pusimos su comidita y a ella no le faltaba el agua.

La bajamos en la noche y tampoco orinó. Ahí me asusté. Llamé al veterinario y me dijo, traémela mañana a primera hora.

En la mañana, Pitufa estaba inflada, como un globo los fuegos artificiales empezaban a la hora que los niños se activaban… lo cual era muy temprano. Ella no corría, solo jadeaba. De pronto de la nada ella empezó a convulsionar y nos dejó.

No aguantó, no alcanzamos a llegar a que la atendiera el veterinario. El terror de los fuegos artificiales la trajo a nosotros y ese mismo terror, nos la quitó.

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