Gatos Mundo Animal

Nunca estaremos preparados para despedir a un amigo

Dido cambió la vida de su humana, le regaló momentos inolvidables que hasta el día de hoy atesora

La mañana del domingo 6 de marzo de 2016, desperté inusualmente temprano tras haber compartido la noche anterior un rato con mis amigas en mi apartamento, mientras mis padres se encontraban de viaje.

Al levantarme tuve un mal presentimiento, casi sin razón alguna, la única aparente era que mi gato adorado Dido no había dormido a mis pies como de costumbre. Lo busqué por las habitaciones con una pesadez que invadía mi estómago, temiendo lo peor.

No logré conseguirlo, hasta que decidí revisar la cocina. Pude ver su colita negra asomarse a través de la puerta de un gabinete que estaba a su alcance, en el cual solía esconderse en momentos de susto. Al abrir la puerta lo encontré acostado en la posición como solía dormir, con su rostro entre las pequeñas paticas blancas. Lo llamé varias veces y lo toqué, intentando despertarlo, sin obtener respuesta alguna.

Mi Dido, mi “vaquita” blanca y negra que me había visto crecer, había dicho adiós para siempre. No fui capaz de cargarlo ni tocarlo, apenas y tuve la fortaleza para verlo. Llamé a mis padres, les pedí ayuda pero no podían regresar aún. Ellos llamaron a una vecina la cual llegó para asistirlo. Observé mientras lo sacaron de su escondite, el lugar que eligió para su última siesta.

Su nariz que una vez fue color rosado claro se había tornado violeta, esta es una imagen que nunca he podido olvidar.

Más tarde, llegamos al veterinario, donde después de una dura despedida, Dido fue cremado.

La pesadez en mi pecho permaneció conmigo durante muchos meses después de su partida. A pesar de esto, Dido fue el amor más puro que había conocido en mi vida, y aunque físicamente ya no estaría más, su amor jamás se ha ido de mi.

Está en mis recuerdos, en los pelitos sobre toda mi ropa, está en sus videos, fotografías, su collar, el comedero, y en cada rinconcito de la casa, especialmente a los pies de mi cama, ahí permanecerá para siempre.

Gracias a todo lo que aprendí con el, me he dedicado a abrir mi corazón y entregar mi cariño a cada gatico rescatado, incluyendo los que hoy en día me acompañan.

Dido fue un gran compañero gatuno

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