Gatos Mundo Animal

Mi Niña estaba montada en un árbol cuando la rescaté

Rescatar a un gato que está en lo alto de un árbol puede ser difícil pero no imposible

Una noche en el balcón escuché unos maullidos  y comencé a buscar de dónde venían, sin poder determinarlo,  decidí salir y seguir el sonido desesperado de aquel gatito.

Una vecina coincidió conmigo y ambas tratamos de ubicar el origen de esos maullidos.

Crucé  la calle, algo me decía que buscara en aquella casa antigua, que por cierto estaba siendo remodelada, por eso los escombros y materiales de construcción hacian parte del frondoso jardín lleno de plantas y árboles frutales, donde justamente aguardaba una hermosa gata, ¿quién sabe si perdida o abandonada?.

Esto último ocurre con frecuencia. Abandonan a los animales en la puerta de las casas, considerando que esa familia podría adoptarlo. Por eso lo imaginamos, dada las circunstancias de su extraña “aparición”.

Algunos gatos trepan los árboles para poder ver desde lo alto, otros escapan y otros por diversión

El hecho es que la gata estaba muy asustada, estaba montada en una mata y no paraba de maullar. Se veía triste, se sentía abandonada, se notaba que era de alguien, que tenía una familia, que muy probablemente la dejó a su suerte, porque los gatos llegan y se van, pero no aparecen repentinamente y se quedan.

Aquella noche, una vez descubierta la gatita y el lugar en el que se encontraba, me fui a casa, ya sabía que al menos no estaba herida, pero no pude dormir pensando en lo que le pudiera ocurrir si no encontraba un hogar.

Cuando por fin amaneció me  prepare para llevarle comida agua y hasta leche,  se lo puse en la puerta de la casa con la esperanza de que se bajara y buscara comer o beber. Pero llegó la tarde y no se bajó de aquel árbol.

Casi llegando la noche le volví a poner alimento, y le dije: «En cualquier momento tú debes bajar de ahí, porque de hambre no te vas a morir, vas a bajar tú, vas a ver».

Hasta que comenzó a seguirme y por supuesto, yo me la llevé a casa. Por supuesto, me encariñé  con ella.

Para donde iba me la llevaba,  le hacía la visita a mi tía y la llevaba conmigo, íbamos juntas a todos lados, como un perrito… hasta que pensé. bueno nadie la reclama, ya es mía.

Le adapté un cuarto para ella, siempre tratando de que se acostumbrara a nosotros, ella ya era especial para mí, además estaba apegada, aun así, se la ofrecí a mi tía y no la quiso, decía que aún estaba triste por a partida de su gatito que recién había muerto.

Recordé que un gato para ser feliz solo necesita tres cosas: Comida, una caja de arena y amor, mucho amor. Así que le compré su caja de arena, para hacer sus necesidades, dando cuenta de que era una gata muy educada. También le escogí una buena gatarina y se la balanceé con arroz y pollito y ¡la niña se quedó!.

Ahora es la niña de la casa, no se deja cargar con nadie. Se ha caído dos veces  y cae sobre las matas y comienza a chillar  para que la suban. No le gusta la calle, no molesta , no es velona, es perfecta, es mi gata y se llama Niña. Ya han pasado dos años desde aquel día en que la encontré.

Algunos gatos, suben a los árboles persiguiendo insectos, aves o simplemente a descansar. Otros gatos huyen y se refugian en la copa de los árboles en medio de la adrenalina, suben y suben y ya luego, no saben cómo bajar.

En este caso, su dueño supo esperar y ofrecer alimentos para incitar a la gatica a bajar del árbol. Pero no siempre se sienten seguros de poder bajar, sea por temor a caer o porque temen ser maltratados. Lo importante es: observar, ser paciente y actuar.

Que bueno que niña se atrevió a bajar del árbol y estaba sana y salva.

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