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Mi negrito Ponky me ayudó a superar la covid

A pesar de su feo pasado lleno de maltratro y rechazo este perrito tuvo una segunda oportunidad

Cuando me regalaron a Ponky, ya él era grande, recuerdo que fue todo un misterio, un día simplemente llegó mi cuñado con él y me dijo, si te gusta es tuyo. Y yo lo vi tan dulce y además es tan cariñoso que le dije enseguida que sí.

Ponky tiene 8 años conmigo y apenas el año pasado, me enteré de su historia. Los dueños anteriores de mi bebé, quería un poodle y les “regalaron” un poodle negro y ellos querían era un perro blanco.  Por cierto Ponky no es poodle, pero esa es otra historia.

Entonces, esta familia lo aceptó a regañadientes, porque era un “regalo”, pero no lo cuidaban y no lo querían, solo la niña que allí vivía, la hija de la pareja, si lo quería, pero lo tenían descuidado y siempre en la calle.

Mi cuñado era amigo en común de esta pareja y ellos le decían al perrito el trapo, el recogido, el coleto, siempre en tono despectivo y lo peor de todo, es que la señora lo soltaba para que el perro saliera y se perdiera, pero él siempre regresaba.

Mi cuñado estaba en esa casa un día y le tocan el timbre, la señora va y entra el perrito, era una vecina, diciéndole que casi lo atropellan, que si era su perro, que tuvieran más cuidado. Me cuenta mi cuñado que la señora estaba muy molesta porque no se terminaba de perder o morir. Él no aguantó y le dijo, regálamelo y la señora se lo dio.

Ponky es un peluche, es muy cariñoso, no entiendo cómo es que les molestaba, no es un perro que ladre todo el día y tampoco es de romper cosas. Siempre ha sido un niño consentido. Lee cada movimiento y entiende lo que voy a hacer. Es sorprendente.

Cuando le doy alimento que no le gusta se sienta y me mira fijamente, pero no se mueve de donde está el plato, como diciéndome, Mamá no me gusta, dame otra cosa. Y cuando esto sucede, le hecho caldo de pollo y lo revuelvo, le fascina.

Ponky y yo, desde el primer momento tuvimos una conexión impresionante. Él vivía en una casa y yo vivo en un apartamento, aquí  no hace nada, va hasta donde esté y me mira fijamente, me ladra bajito y corre a la puerta, siempre con alegría.

De solo pensar que le abrían la puerta para que se perdiera y de todos los desplantes que ha debido sufrir, me parte el alma y le pido a Dios que me de mucha salud, porque  siempre quiero que él pueda contar conmigo.

Parece un peluche

Cuando me dio covid, mi hermana se lo llevó para que estuviese tranquila sin la angustia de alimentarlo o sacarlo a pasear y yo le hacía video llamadas, lo veía y de verdad esas pequeñas cosas, me dieron fuerzas para recuperarme rápido.

Cuando me lo trajeron de vuelta, saltaba encima de mí, corría y saltaba de emoción, yo no saltaba porque estaba aún en cama, pero de verlo así de contento, yo ya estaba más que feliz, cada día me levantaba con ánimo para sacarlo y poco a poco en cada paseo, fui recuperando nuevamente la fuerza.

Ponky fue mi terapeuta, encerrada, sola y en recuperación, fue mi psicólogo y mi terapeuta post covid. Fue mi razón de levantarme aún más rápido, porque sabía, que él me necesitaba.

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