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Max, un perro olvidado en su jardín

El perrito fue abandonado a su suerte, bajo la mirada indolente de sus “dueños”

Cada día llevaba a mi hija al colegio y como es costumbre, saludaba a todos los perritos de las casas cercanas. Un día lo conocí. Un cachorro hermoso, peludo y esponjoso, alegre y muy cariñoso, tendría unos 6 meses.

Todos los días al pasar, lo acariciaba y teníamos una particular relación, porque me instalaba a consentirlo. Al cabo de unos dos meses, empecé a notar que había crecido, siempre estaba solo, pero lo peor, es que no tenía agua ni comida, sus excretas estaban secas y pestilentes, él empezó a tener muchas garrapatas y no entendía qué estaba pasando.

Lo empecé a alimentar y veía como se tragaba casi entera la comida, hasta que un día me arrancó la bolsa donde tenía el alimento y en medio de su apetito voraz, se tragó hasta la bolsa. Me partió el corazón y me fui llorando de ahí.

Traté de hablar con alguien de esa casa, de ayudar al perro que en medio del encierro se deterioraba y lo veía tan triste y cabizbajo, pero no hubo respuesta, nadie contestaba o salía cuando yo tocaba la puerta.

Un día luego de repetir el episodio de que se comiera su ración con toda y bolsa, no lo resistí y me juré que le cambiaría la vida y lo sacaría de allí.

Pasaron unos meses y Max, así se llamaba, me recibió tras la reja de su casa por cárcel con una pata que no podía apoyar y los barrotes eran tan angostos, que no podía verlo o curarlo, pasaron un par de días y el mal olor y las moscas protagonizaban todo el triste panorama.

Logré que alguien saliera y la chica que salió me indicó que el perro era de su hermano y que ella no estaba a cargo de él. Mientras ante sus ojos el perro moría lentamente, consumido por los gusanos, ya no era una sola pata, eran dos, una delantera y otra trasera.

Traté de ganar la confianza de esta chica y le supliqué llevarlo a la clínica veterinaria, que yo cubría los gastos, pero solo me permitió atenderlo dentro de la casa. Con la ayuda de una gran amiga, tan perruna como yo, le quitamos los gusanos de ambas patas, pero las garrapatas lo estaban consumiendo. Pude aplicarle una pipeta, con la esperanza de mejorarlo.

Max, el día que fue atendido por el veterinario
Max, el día que fue atendido por el veterinario

Urge atención veterinaria

Le advertimos que debía tener curas diarias y no se pudo, no nos dejaron entrar nuevamente. Pero los milagros ocurren todos los días. Al lado de esta casa donde Max vivía, había un CICPC, uno de los comisarios tocó el timbre, para preguntar el por qué del olor a muerto que se despedía desde esa casa.

Tal fue la sorpresa del comisario, que vio a Max, un saco de huesos, lastimado y enfermo, las garrapatas caminaban por las paredes, lamentablemente, era una imagen oscura, que instó al Comisario a advertirles que curaran a ese perro, que algo estaba pasando, que esa no era la forma de tener un perro.

Al comisario si le abrieron la puerta, si le dieron la cara y hasta le compraron un spray morado (bastante tóxico para perros y gatos) para evitar que las moscas se pararan y volvieran los gusanos.

Un buen amigo me apoyó y les tocó el timbre, con el apoyo de la Guardia del Pueblo, quienes lo apoyaron en acompañarlo y mediar por una vida, que para los dueños de esa casa, no significaba nada.

Mi buen amigo conversó con el “dueño” de Max, le dijo que el perro requería atención veterinaria urgente y le explicó sobre el marco legal que protege a los animales, la Ley de Protección a la Fauna Doméstica, libre y en cautiverio y la Ordenanza Municipal del Municipio Bolivariano Libertador en materia animal.

Luego de un rato, explicándole sobre las sanciones y con la presión de la Guardia, por el solo hecho de estar allí, el dueño de Max, lo montó en el carro de mi amigo y dijo , “llévenselo”.

Saliendo del veterinario, su pelaje era opaco y áspero

Max estuvo con movilidad reducida por 2 meses, recuperando sus patas, perdió uno de los pulpejos o almohadillas, piel que no se recupera y pesaba 17kg, cuando ganó peso, alcanzó los 35kg, porque Max, es un mestizo de flat coated retriever, algo así como un golden negro y luego nos enteramos, que Max llegó a la vida de ese “dueño” irresponsable, porque no era puro, fue el que salió menos puro de la camada y se lo regalaron como parte de pago, como si la vida valiera tan poco como para dejarlo morir, como estuvo a punto, famélico y con tantas garrapatas.

Max, la navidad que fue rescatado

Traté de darlo en adopción, pero Max es un perro que no superó algunos traumas, yo lo amo como es y agradezco a la vida por haberse cruzado en mi vida y permitirme cuidar de él. LE prometí que lo iba cuidar y a proteger y eso es lo que seguiré haciendo, hasta su último suspiro.

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