Tu mascota

Karla se tragó una aguja y Kike tuvo un final fatal

En un descuido se pueden comer cualquier cosa, debes vigilarlos siempre y evitar dejar cosas nocivas a su alcance.

Imagina por un momento un perro diminuto, pequeño, pincher con chiguagua, dos razas «miniatura», viviendo en un mundo de humanos. Todo es mucho más grande, pero si te cargan en brazos , alcanzas a ver, oler y degustar de cerquita muchas cosas de humanos.

En casa, tenemos utensilios y objetos que usamos de manera cotidiana, pero… ¿qué pasaría si un alfiletero con forma de «pelota» que resulta atractivo y «divertido» por tener formas de juguete, se topa con un perrito diminuto?

Bueno, el primer caso es con una perrita pincher con chiguaga, Karla Daniela. Sí, ella se tragó una aguja con un hilo. En una de las alzada en brazos, avistó un alfiletero que terminó siendo un juguete de alto riesgo.

Malestar, radiografías y sí, efectivamente, tenía una aguja con hilo en su intestino. El veterinario sugirió darle tiempo. Es decir, observar si se movía y así determinar, si era necesario o no una intervención quirúrgica.

Karla Daniela fue muy afortunada, pues a través de las heces, liberó la aguja y el hilo, no fue necesario operarla. Un descuido, en el mundo de los humanos, un objeto de cuidado, que terminó siendo su juguete.

No pasó a mayores, no hubo nada que lamentar.

Un descuido fatal

Kike Alexander cruzó el arcoiris

Un día llegó la bolsa de comida, hace una par de años. Una de las harinas, de marca Mazeca, se rompió, la mamá humana de Kike, la apartó y la colocó sobre la mesa, sin darle mucha importancia.

Es importante saber que Kike tenía ya 7 años con su mamá humana,estaba acostumbrado a ver como ella traía el mercado o la bolsa, que podía romperse algo y que no por eso, ella corría a esconderlo de él.

Sin embargo, ese día, fue diferente. Su mamá humana, olvidó en el momento el empaque roto y lo dejó sobre la mesa.

Aquella harina de maíz tenía la particularidad, que al recibir humedad, se calentaba, y por el olor, este perrito curioso, quiso probar.

Y así lo hizo. Esa tarde, Kike no resistió la tentación y en un «descuido» de su mamá humana, arrastró el empaque hasta el piso y allí, lamió todo lo que pudo, acumulando una gran parte de esa harina en su estómago, y se le acumuló y endureció como si fuera una piedra.

El perrito se comió todo el contenido de aquella harina. Esa noche al llegar su dueña, no podía creer eso al ver el empaque vacío en el piso.

Esa noche, el perrito estaba entre normal e inquieto. En la mañana, estaba inconsciente. Lo llevó al veterinario y explicó lo sucedido. Radiografías, ecos, cirugía, pero lastimosamente Kike no resistió.

Un descuido y confiar en la cotidianidad, pasó lo peor.

Kike era grandote, curioso, pero su dueña nunca imaginó que se robaría algo de la mesa de ese modo. Esa harina se compactó en su intestino y el calor que liberaba esa harina con la humedad generó complicaciones.

De esta manera, debemos tener precacuciones que debemos considerar, cuando tenemos a un peludo en casa:

  • Venenos y productos peligrosos, mantenerlos fuera del alcance, usa gabinetes altos para su almacenaje, etc.
  • Evita que tenga acceso al pan, harinas, chocolates o cualquir otro alimento nocivo para su salud. Los animalitos son curiosos, si lo ven y pueden alcanzarlo, pueden buscar la manera de llegar hasta ese producto prohibido. Nunca te confíes.
  • Los animales no pueden comer las mismas cosas que los humanos porque su organismo no procesa ciertos alimentos igual a los humanos.
  • Agujas, pegas, juguetes pequeños, mantenerlos alejados.
  • Revisar constantemente juguetes y camas, accesorios de los peludos. Algunos se comen su cama, paño o telas, por ansiedad. Esto puede ser grave.
  • Cuando los saques de paseo, observa todo lo que se comen, hay una historia de un perrito que se tragó una pelota en un parque para perros y hasta una cucharilla de postres. La supervisión, es la clave.

Tener cuidado y no confiarse es la clave, algunos tienen la fortuna de salir adeante y sin consecuencias graves, otros, simplemente no. Ellos son observadores, nunca, de verdad, nunca te confíes.

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