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Kalúa durmió durante dos días al llegar a casa

Kalua

Esta perrita no la querían y la dejaron en el porche sin resguardo, pero un día todo cambió

A Kalúa, la dejaron en la casa de la abuela de mis niñas, los dueños anteriores no la quisieron cuidar más, porque salió embarazada y se escapaba con frecuencia.

Se la regalaron a un señor que al llevarla a su casa, su esposa le dijo que ya ellos tenían una y que no querían más mascotas, así que no podía quedarse con ellos.

Al  no poder tenerla la dejaron en un espacio solitario de la casa, en un rincón, nada apropiado para ella.

Kalua en el sofá, su sofá

Nuestro encuentro

Yo debía viajar y además buscar a mi mamá, tenía que ir al aeropuerto esa mañana. Pero sentí un fuerte dolor que me desvió al hospital. El médico me operó de emergencia y convaleciente, terminé en casa de mi suegra, porque estaba más cerca.

Esa tarde al llegar, me senté en el porche y escuché llorar a un perrito con mucha insistencia, coloqué mi cartera a un lado de mi asiento, en el piso, y salió la perrita tratando de pegarse de mis piernas, intentando meterse en mi cartera.

La abuela de me dijo: se quiere ir contigo, y yo, negada a cualquier posibilidad de tener un perro, le dije no, no, no, yo no quiero más perro. Tuve uno llamado Oso, y me obligaron a «dormirlo», me preguntó por qué lo mataron y lamentablemente, Oso mordió a alguien, pero prefiero no decir más de eso. Ya sé lo que es amar y perder a un perro.

Al día siguiente, la perrita lloraba mucho, y la señora estaba furiosa porque solo lloraba y lloraba. Es que ese aislamiento, no le hace bien a ningún perro.

Cuando ya casi me iba, escuché nuevamente su llanto, me acerqué, la cargué y la tuve un rato en mi regazo, se quedó dormida y tranquila. La bajé y ella se metió en mi cartera. Pobre perrita, solo buscaba afecto y además hacía frío.

Kalua durmiendo en la cama

Del porche solitario a mi casa

Mi esposo, me dijo: vamos a llevarla a casa. Así lo hicimos. La dejé en mi cartera y llegó a casa, durmió durante dos días seguidos, no lloró más. Ella ya había encontrado una familia, la mía.

Eso fue en marzo de 2014. Nadie le enseñó los hábitos higiénicos, ella sabía que en casa, no debía hacer, es increíble que estuviera en ese espacio, solitario y sin un verdadero resguardo. Hoy, ella es la chiquita de la casa.

Al despertar todas las mañanas  pasa por todas las habitaciones dando los buenos días como un buen despertador y no se tranquiliza hasta que no le respondan con la cabeza, le gusta que la saluden.

También le gusta invitar a la abuela a dormir, no se acuesta hasta que la abuela lo haga, porque duerme en su alfombra al lado de la cama. Si la abuela no se acuesta, ella tampoco.

Kalua curioseando por la ventana y Kalua conmigo

Ella es toda una diva, le gusta dormir en el sofá, colchón o alfombra, comienza a llamar la atención en dos patas para que le complazcan.

Cuando tocan la puerta de la casa, se levanta en dos patitas tratando de abrir la puerta. Cuando mi esposo llega, ella se emociona tanto que no hace ningún ruido solo salta de emoción, pareciera que va ladrar pero hace un ruido muy especial. ¡Claro! él fue el de la idea de traerla a casa!

Cuando me operaron de emergencia, Kalúa, fue mi compañera. Ella me alegra los días.

¿Cuántos animales viven hoy como vivía Kalúa? En una azotea, un patio, un porche. Viven donde hay una familia, pero ¿realmente la perrita vivía con una familia? Hay demasiado perros que viven en una casa, pero no tienen un hogar.

A ellos también les da frío, también sienten, se emocionan o entristecen, sienten dolor, se enferman. Por favor, si tu idea de tener un animal, es tenerlo amarrado, olvidado o aislado en un espacio de tu casa, lo mejor, es que no lo tengas o simplemente, le busques un verdadero hogar.

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