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Gatsy: !Tú puedes!

Julia dio el todo por el todo por un gatico que tenía poca esperanza de vida, él sin duda la retribuyó

Un canal de agua es un cauce artificial construido para conducir el fluido hacia un lugar específico según el uso que se desee darle. Esta es la definición en el ámbito de ingeniería, pero para cualquier humano que transite por su «ribera» suele ser un sendero de encuentros con otras especies.

Hay algunos animales que se acercan a beber el preciado líquido, otros que lamentablemente fueron abandonados en ese lugar donde «al menos pueden hidratarse» como si eso sirviera de aliciente para un acto tan cruel.

Un día le tocó el turno a la humana Julia. Caminando a orillas de un canal el encuentro inevitable se dio, solo que en su caso no fue tan agradable como ella hubiese querido. Ahí estaba un ser vivo de otra especie, un gato, muy sucio con una mezcla entre orine y tierra, herido. Sus patas traseras no tenían movilidad y no podía caminar, posiblemente se había arrastrado hasta ahí para, al menos, sobrevivir bebiendo agua.

Julia no dudó, lo tomó en brazos y lo llevó a casa. Un buen baño y un plato de comida le mejoraron notablemente el semblante. Ella no sabía qué hacer, nunca había cuidado de un animal con movilidad reducida, sin embargo, su deseo de ayudarlo le permitió reunir dinero para costear una consulta veterinaria y exámenes de rayos X. 

El resultado no fue el más alentador, Gatsy, así decidió llamarlo, tenía múltiples fracturas: cabeza, patas traseras, una delantera y la cola; además no podía orinar ni defecar, requería de ayuda para hacerlo e incluso acercarle la comida a la boca pues, el desafortunado gato, también estaba ciego.

Al ver el panorama poco favorable, el médico veterinario le preguntó a Julia: «¿qué quieres hacer con él?», ella y Gatsy se miraron fijamente a los ojos por un instante, seguidamente contestó:

 «¡démosle una oportunidad!, si en una semana no hay cambio, lo ayudamos a descansar». 

Los días siguientes estuvieron cargados de medicamentos, terapias, ejercicios y sobre todo mucho, mucho amor. Hasta que un afortunado momento les devolvió la esperanza: Gatsy se levantó y dio dos pasos. Con una gran sonrisa en el rostro Julia lo cargó suavemente y asegurándolo en su regazo le dijo: «sí se puede Gatsy, ¡tú puedes!»

Al transcurrir los días Gatsy mostraba una notable mejoría. La visión no la recobró pero Julia le repetía sin cesar: «no importa si no ves porque caminas, comes y juegas, eso es suficiente para que seas feliz y me haces feliz».

Hoy Gatsy corre como un tigre. Vive contento con sus amigos gatos y le regala a Julia unos abrazos de amor como ningún otro felino lo había hecho.

Historia cortesía de Julia Mendoza /Equipo de Prensa de Misión Nevado 

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