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Este año nos arriesgamos a poner el arbolito a pesar del michu

Mi gato enloquece con las luces, los adornos y las ramas del árbol de Navidad

Todos los años ponemos el nacimiento a pesar de que mi gato se echa a dormir en él, juega con las ovejas o en el peor de los casos hace sus necesidades en ese rinconcinto colorido de la casa.

Todo esto ya ha pasado años anteriores. Pero nada se compara con lo que nuestro michu hace con el arbolito, tanto así que llevamos 4 años sin ponerlo, hasta este año 2022 que nos arriesgamos a retomar esta tradición decembrina.

Cuando adoptamos al Niño, así se llama nuestro gato, el primer año destrozó todas las ramas de la parte baja del arbolito. Así que como estaban rotas, mordidas o maltratadas, todas disparejas, lo que hicimos fue quitárselas.

El siguiente año, tardó un poco en enloquecer, pero como se portaba bien y no le hacía nada al arbolito, nos relajamos. Pero como el 28 de diciembre, cuando llegamos de hacer algunas compras, no lo encontrábamos.

Pues claro, cómo lo íbamos a encontrar, resulta que el muy descarado dormía entre las ramas y no lo habíamos notado. Con mucho temor y cariño, lo llamamos: ven mi amor, ven. Pero él levantó la mirada y siguió suspendido en el aire, entre dos ramas de la parte alta del árbol de navidad.

Ya cuando llegó la hora de quitar el arbolito, el hueco donde dormía, era literalmente un hueco, es que el NIño pesa 6 kilos, por favor, no.

Regalamos ese arbolito. Que alguien sin gato pueda arreglarlo, venderlo, que haga lo que quiera, en mi casa, solo ocuparía espacio.

Al año siguiente, mi hija quería el arbolito, total que olvidamos ese detallito y lo compramos. Nada más lo estabamos poniendo y al Niño le dio la hora loca.

Corría por toda la casa y se tiraba encima del arbolito, retando todas las leyes de la física. El árbol de navidad quería existir, porque no se caía. Pero mi gato sentía que el árbol lo llamaba.

Blindados con mucha voluntad, le pusimos las luces, los adornos el pie de árbol y la peor parte, un tren.

Bueno, el tren duró 20 minutos, mi gato lo odiaba y hasta que no lo destruyo estrellándolo contra la pared, no se quedó tranquilo.

Quitamos los rieles, pusimos los regalos y todo súper bien, el Niño se portaba a la altura, era decente, un galán. Comenzamos a poner los regalos en la base del árbol, con sus lazos, las bolsas, todo bello.

Esas cosas que pasan

La nochebuena

Llegó la hora de abrir los regalos y todos emocionados, feliz navidad, me agacho y empiezo a leer para quién es cada regalo. Mi sorpresa fue que el pie de árbol, estaba mojado, húmedo, orinado.

Corrimos a sacar todos los regalos y solo se salvaron los que venían con plástico, porque las bolsas de papel, los regalos en cajas tocó abrir rápido cambiar y sacar, lavar las pijamas, conjuntos de ropa y todo lo que era de tela.

Moraleja: No pusimos más regalos en el árbol de navidad.

Este año, después de varios diciembres sin ponerlo, estamos apostando a no poner nada bajo el árbol, a estar pendiente de los huecos y posibles lugares cómodos para que el Niño haga de las suyas.

Lo que sí es seguro, que lo hicimos a riesgo, ya para qué lo vamos a regañar, es como dicen por ahí si saben como soy ¿pa’ qué me invitan? en este caso quedaría bien si saben como soy ¿ pa qué colocan árbol de navidad?

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