Perros

Dormimos a Oso, estaba sufriendo mucho

18 años de vida, este perrito nos regaló lo mejor: su amor

Cuando uno decide tener un perrito, normalmente no lo ve como una vida larga, es que suelen vivir poco, en comparación con el hombre.

Oso era un perro que vivió 18 años, llegó a manos de su mamá humana cuando era un cachorro. Era de gran tamaño, sin pelo, con heridas y muy deteriorado.

Con esfuerzo, tratamiento y constancia, se curó. Pero su primer año de vida, fue complejo.

Era apenas un cachorrito, pero Osito no se recuperaba, empeoraba cada vez más y su mamá humana estaba desesperanzada.

Eran terrible sus heridas por graves problemas de piel. Muchas visitas a veterinarios especialistas y Oso aún con sarna, dermatitis, erupciones, alergias, que el médico tratante sugirió: si no mejora, sería una opción dormirlo, porque está sufriendo mucho.

Pero ya va, ¿Cómo que «dormirlo»? cuando se habla de dormir a un animal, se refieren a la eutanasia. Ajá, pero ¿Qué es la eutanasia? Es un método humanitario y sin dolor, que se aplica cuando ya la medicina no puede hacer nada. para causar la muerte alegando para ello razones humanitarias (aliviar el sufrimiento).

Etimológicamente, eutanasia (del griego “eu”, bien, “Thánatos”, muerte) es decir: buena muerte, bien morir, algo así. Entonces, la idea es procurar una muerte sin dolor.

Realmente, la eutanasia, no fue una opción para su protectora, pues al tratarse de un cachorro, no se podían perder las esperanzas tan rápido. insistió en mantener a Oso con vida y así fue.

Se fortaleció y tuvo una vida cargada de aventuras con sus hermanos perrunos y su familia humana. Bien alimentado, consentido y mimado, con los cuidados que sólo su mamá humana supo darle, y así pudo alcanzar la mayoría de edad y llegar a la vejez.

Oso unos días antes de partir

Largos 18 años para un perro de gran tamaño y con buena salud. Su recuperación fue todo un logro.

Lamentablemente, el deterioro acelerado de la salud de Oso, lo llevó a tener un tumor, mal caminar a causa de un detallito «sin importancia» cuando estaba joven y que en el ocaso de su vida, lo llevó a tener dificultades, para caminar.

De un vigor intenso y correr, ladrar, pasó a echarse y no poder levantarse, en medio de la calle, siendo un perro de gran tamaño luego de dar un par de pasos en plena caminata diaria, no había forma de levantarlo, tirando del paseador, empujándolo y nada… Oso estaba muy cansado, adolorido y viejito.

Así, su mamá humana, siguió haciendo las curas diarias al tumor en su lomo, siguió alimentándolo como siempre, pero notando un gran cansancio y sufrimiento en su perro, su niño mimado.

Un día se armó de valor y habló con el veterinario, su recomendación, ella ya la conocía, solo necesitaba valor para poder escucharla de los labios de un profesional.

Así, luego de meditarlo y ver el cuerpo cansado de su perro, el médico veterinario procedió y Oso cruzó el arcoiris. Murió rodeado de amor, mirando fijamente a los ojos de quien fue su mundo, sintiendo que como cualquier visita médica, lo estaban puyando, sin saber, que no volvería a despertar.

La historia de Oso, es una de muchas, que a diario en el recuerdo de quienes han tenido que decir adiós a su animal de compañía, por problemas de salud, cuando ya la ciencia no puede ayudar sino ha hacer más fácil el camino de la despedida.

Sin embargo, vemos como mucha gente a la ligera, publica en las redes sociales que se va del país y si no consigue casa para sus animales «los van a dormir» . Yo me pregunto ¿pero la eutanasia no es muerte sin dolor que solo se debe emplear cuando la ciencia no puede ayudar? es decir, es el último recurso, para un animal que ya no tiene solución? bueno, ahí hay un gran vacío y falta de ética de muchos.

«Dormir » un animal que está sano, está mal, hay varios aspectos que tomar en cuenta, pero entre esos destaco que únicamente un médico veterinario, debidamente certificado es quien puede recomendar y realizar ese procedimiento, no un asistente, un amigo, un proteccionista.

Recuerda, un médico veterinario, es un aliado, un amigo o como diría una buena amiga mi veterinario es mi «perriatra».

Entonces volviendo a la historia de Oso, que bonito tenerlo tantos años, que bonito ofrecerle esa oportunidad cuando aun era un cachorro. Definitivamente, valió la pena el gran esfuerzo. Vuela alto Oso.

El cuidado y la dedicación dieron sus frutos, el amor es la fuerza más poderosa

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