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De PB al piso 9, de la calle a un hogar

Mota María contó con la suerte de ser muy querida en su comunidad, hasta consiguió ser adoptada

Mi nombre es Mota María,  un día llegué al estacionamiento del bloque 5, fue en el año 2019, nadie conoce mi pasado y tampoco puedo contarlo, pero me da mucho miedo escuchar el motor de los camiones y no me gusta montarme en carros.

Yo cuidaba el estacionamiento.

La primera persona que me «encontró» fue un mecánico, un señor que me consentía y me daba mucho cariño. Trabaja mecánica le llaman «el gordo», y siempre lo esperaba con ansias en las mañanas, me  volvía loca al escuchar cuando el llegaba en su carro y me ponía muy triste cuando llegaba la hora de la tarde, es que era nuestra despedida.

Yo cuidaba los carros, en la noche ladraba y aullaba cuando veía algo raro, muchas personas me ayudaban, es que hay gente buena, aún se puede confiar en los humanos.

Realmente los vecinos me querían.

A diario, muchos me daban agua y comida, había otro vecino llamado Winston que me bañaba, a mi no me gustaba salir del estacionamiento pero un día por seguir a mi amigo el gordo, la reja del estacionamiento estaba cerrando y me atrapó, lloré mucho, dolía, todos los vecinos salieron corriendo ayudándome y apagaron las rejas y me auxiliaron, me curaron mis heridas.

Del susto hasta mordí a mi amigo que siempre me bañaba y a otro vecino, fue sin querer, ellos lo entendieron. Ese día supe, que me querían y que era aceptada por estos vecinos. ¿Ves que todos los humanos no son tan malos?

Una noche en temporada navideña, estaba muy asustada porque sonaban juegos artificiales, ya casi era 24, me quedé dormida por una pastilla que me dio una vecina y muchos niños vecinos no lo sabían y me buscaban, pensaban con terror que me había perdido o algo me hubiera pasado. Al día siguiente, se alegraban de verme. Ese día corroboré que les importaba de verdad.

Una perrita en celo y en la calle, mala combinación

Y llegó el momento, me llegó el celo, sí, estaba en celo y muchos perros me rodeaban y perseguían. Un perro negro grande apareció, no era de nadie y yo tampoco, pero todos los vecinos se preocupaban por mi… a él nadie lo buscaba, él me perseguía, «quería conmigo», por cierto que él era el dominante, porque habían muchos perros que se alborotaron con mi celo.

Me escondía debajo de los carros muy asustaba, un día me mordió y las personas del piso 9 trataban de alejarlo. Vivir en la calle puede ser muy difícil, pero todos me querían. No era suficiente, yo necesitaba resguardo. Mis protectores, mi mamá humana, era una de esas personas del piso 9.

Historia de una comunitaria con suerte
Mota María

Subí a dormir al piso 9

Y llegó el gran día. Mi humana Mirya, cuidando de mi, alejando al perro negro, sin lograrlo del todo por cierto, me subió a su casa para que durmiera y no me hiciera daño ni ese perro, ni nadie.

Esos día llovía mucho, mi humana lo entendió. Yo dormía bajo algún carro, no en resguardo, ella tomó la decisión de subirme, de darme una oportunidad. Por fín encontré un hogar.

Uno de los vecinos que me consentía siempre, se fue del país, era muy especial conmigo. La buena noticia, es que nunca me olvidó. Ya me mandó champú, para que mi amigo Winston siga dándome baños, para dejarme hermosa. Mi mamá humana me hizo un tutú y me tomó muchas fotos, para agradecer el bonito gesto conmigo.

Mamá me lleva a pasear cada día, todos mis vecinos me saludan y algunos hasta los visito. Mi pasado me dejó algunos sustos, pesadillas y hasta traumas, pero el presente es tan bonito que estoy segura, que soy una de las perras más afortunadas que ha llegado de ser una perra comunitaria, a ser la niña de la casa.

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