Tu mascota

De como el gato Michigan se volvió el consentido de Leander

El mínimo cambió toda las imágenes erradas que tenía Leander sobre los gatos. Hoy son inseparables

Y pensar que Leander nunca se imaginó haciendo su vida lejos de Caracas, ni mucho menos que dentro de esos planes estuviera tener un gato de mascota. Todo esto estaba destinado a suceder desde que empacó sus tres trapos y se fue a probar suerte a la tierra del fuego, específicamente a Santiago de Chile.

Después de hacer muchos trabajos para diversas empresas privadas, Leander se puso una meta entre ceja y ceja; montar su propio local de accesorios y productos de animales. Este justamente fue el primer paso que lo llevaría a encontrarse con el que es ahora la imagen de su establecimiento y su más fiel compañero doméstico: El gato Michigan.

Después de mucho bregar con las protestas populares en Chile, luego con la pandemia y el confinamiento, Leander y su familia por fin vieron un respiro y en ese transcurrir decidieron que era hora de adoptar a un animal de compañía.

Michigan recién adoptado

De esta manera Michigan llegó a sus vidas, así como llegan las cosas buenas, sin pensarlo mucho. No se sabe finalmente quien adoptó a quien. Lo que si es un hecho es que desde que el pequeño gato llegó a la casa, Leander cambió la percepción de los felinos para siempre.

«Antes les tenía cierto receloso y hasta miedo. Consideraba que eran como agresivos o traicioneros. Pero hoy de verdad que toda esa imagen cambió, los gatos son seres muy inteligentes. Las personalidades únicas de cada uno son encantadoras», asegura el nuevo amante de los mínimos.

El nombre de Michigan iba a ser «Perro«

Michigan tiene su collar con identificación

Entre risas Leander recuerda que el primer nombre de su minino iba hacer «Perro», quizás por su fascinación por los canes y porque en realidad la que primeramente quería un gato era su esposa y los niños, él todavía tenía sus dudas.

No obstante, Michigan fue bautizado con ese nombre de ciudad gringa, porque cada vez que se referían al gato le decían «Michi». Así que de tanto «Michi» pa acá y «Michi» pa allá, quedó finalmente el nombre de «Michi», y para diferenciarlo Leandro le agregó el «gan»: Y por eso se llama Michigan.

Michigan paseando con su familia

Hoy el gato y su humano son inseparables, tanto así que los niños en ocasiones sienten celos por la relación de mimos y amor entre su papá y su hermanito peludo.

Leander aprendió que el amor de un gato está allí esperando ser descubierto y por esos hoy este joven criollo es un fiel precursor de las adopciones responsables y la castración, todo ello gracias al gran gato chileno Michigan.

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