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Cuando adopté a Chichi estaba traumatizado

Este perrito no sabía lo que era ser educado gentilmente. Hoy su humana lo presume como a un hijo

Recuerdo que en 2015 un chico que se iba del país, buscaba quién pudiera quedarse con su perro. Que por cierto, ese chico se estaba separando y era una etapa de muchos cambios en su vida y en la del perro.

Supe que la pareja de este chico no quería al perro, un perro diminuto, un chihuahua, pero de verdad muy pequeño. La excusa, no podían cuidar al perro, lo cual era evidente.

Uno se pregunta, qué tanto puede ser, qué tan complicado, un perro pequeño come poco, sus excretas son pocas, el presupuesto no debe ser tan alto… pero creo que la voluntad, era la clave.

Yo supe que el chico estaba buscando un hogar para el perrito, una amiga me mostró la foto y le dije: «lo quiero». Así que nos pusimos de acuerdo y me lo entregó.

Yo recibí un perrito muy asustadizo, es normal en razas tan pequeñas, que sean nerviosos, pero este perro no era nervioso. Vivía aterrorizado. Una vez estaba agarrando periódico y simplemente se orino asustado y temblando.

Eso no es normal. Además, estaba muy flaco, se veían sus costillas, sus uñas estaban larguísimas, parecían las de un loro y su dentadura estaba full de sarro. Desconozco qué comía, pero se notaba que faltaba mucha atención.

Mi Chichi empezó a recuperar la confianza y a sentirse seguro poco a poco, él ganó peso, aprendió a orinar en su sitio y a esperar los paseos. Desde el pincipio se portó excelente con sus hermanos perrunos y se llevó bien con mi hija.

Creo que el amor y las atenciones pueden hacer milagros. Es importante educarlos, pero con refuerzos positivos, no maltratándolos al punto de traumatizarlos.

Chichi es muy mimado y dulce, le gusta sentir el calor de mi mamá y duerme largas siestas con nosotras, se acurruca y se deja querer. Creo que él descubrió que el periódico es para hacer sus necesidades encima y que mi cama, también es suya.

Y lo mejor de todo, es que lo aprendió sin ningún tipo de maltrato, él solo siguió el ejemplo del líder de mi manada, mi otro perro y entendió cómo era todo. No tuvo que competir por afecto, ni por alimento, él simplemente es un miembro de la familia y sabe cuál es su lugar.

Chichi tomando sol hoy en día

Aquel chico me dijo que tenía 4 años cuando me lo dio, han pasado 7 años desde ese día, hoy tiene alrededor de 11 o 12 años y espero de corazón sean muchos más, con calidad de vida, amado y consentido como lo merece.

Tener un perro y criarlo es una responsabilidad, educarlo, enseñarle hábitos higiénicos es importante, dedicarle tiempo y mostrarle lo que esperas de él, todo eso es importante.

Pero perder la paciencia y no tener un acuerdo como familia, respecto a su crianza, es muy delicado. No querer que defeque y orine por la casa y por eso no tener alimento o agua suficiente a disposición, eso es crueldad.

Si vas a tener un perro, para tenerlo amarrado o para que la gente vea que tienes un perro de raza, mejor no lo tengas, no provoques sufrimiento, por un capricho.

Tener al Chichi, ha sido maravilloso, pero imaginar cómo fue su vida antes de mi, me parte el corazón, de solo pensar en su dulzura y que él recibiera desprecio, maltrato o un regaño.

Es muy certero aquel dicho: todos los perros merecen un humano que los ame, pero no todos los humanos merecen el amor de un perro.

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