Gatos Mundo Animal

Con Muchi descubrí lo maravilloso que es tener un gato

Muchi

Cuando conocí a esta gatica ere solo una bolita de pelo diminuta en un estacionamiento, perdida.

Una tarde, fui a IPOSTEL a hacer alguna diligencia. Cuando me bajé del carro, me encontré con un gatito que maullaba mucho y me persiguió.

Unos liceistas me instaron a llevarmelo, me decían cosas como «lléveselo señora», «es hermoso» y cualquier frase que me alentara a llevarme esa bolita de pelos.

Entré a las oficinas a hacer lo que tenía que hacer y al salir, mi sorpresa fue ver a una bolita mínima maullando y corriendo detrás de mi y juntos hacia el carro.

Llamé a mi esposo y le conté que un gatito me perseguía y es que, un estacionamiento no es nada positivo para que un gatito tan diminuto crezca. Las posibilidades de ser arrollado eran todas.

Sí, adivinaron, obvio, mi esposo se extrañó mucho de mi sensibilidad, porque yo soy bastante «apasionada» de la limpieza y el orden, lo cual no parecía ser muy compatible con tener un gato.

Ese mismo día, se hizo tarde y luego de preguntar con insistencia si «alguien» quería un gatito y no obtener respuesta positiva, entendí que indudablemente, ese gatito, dormiría en casa.

Considerando que no sabía si podía tener alguna enfermedad o simplemente, no estar sano, quise llevarlo al veterinario y así lo hice. Eran las 4 de la tarde y fue a su primera consulta.

Allí supe que mi Muchi, era hembra, yo le había dado de comer un poco de leche y pan. El veterinario me indicó que eso no era lo correcto, me explicó que debía ofrecerle alimento concentrado, conocido como gatarina.

Le compré un saquito y le puse una manta y una cajita, le serví su alimento, sus pepitas o gatarina y estaba tan contenta… Comía con una emoción, maullaba mientras comía, era muy lindo verla comer con hambre, ganas y alegría.

Aun estaba cachorra en esta foto

Esa noche durmió desde las 9 de la noche hasta las 9 am del día siguiente. Para ser una bebé, pensé, es mucho. Pero no, los gatos duermen muchísimo.

Pasaron dos días y aun no hacía cacas, mientras estaba en la computadora, me dio un olor desagradable y mi sorpresa fue encontrarme con ese regalito. Busqué en internet y encontré mucha información que desconocía totalmente.

Así que, después de que google me ofreciera bandejas y más bandejas higiénicas después de buscar mucho ese día. Eso fue lo que hice, compré su bandeja y su arenita, para que ella estuviera más cómoda, no tuve que enseñar a usarla. Ella ya sabía que ese era su baño.

Antes de la pandemia, le noté algo en sus tetillas y el veterinario determinó que era cáncer, la operamos, pero ya en marzo de 2020, ella cruzó el arcoiris. Si ya la cuarentena, la incertidumbre y la pandemia eran terribles. Perder a mi Muchi, ha sido uno de los momentos más duros que he enfrentado.

Muchi posando para la cámara

Perderla fue duro, pero me aferré a los buenos momentos, a todas las alegrías que ella me regaló y a todos esos masajes que me daba en el sofá. Yo no quería adoptar un gato, en realidad fue ella la que me escogió y me adoptó a mi.

Ella era muy tranquila y se portaba muy bien, casi no se sentía. Un día no dejaba de maullar, estaba muy insistente en que yo la siguiera y no dejaba de maullar. Finalmente descubrí que ella solo quería estar sobre mi, para que yo la consintiera, episodio que después de descubrirlo, se convirtió en un ritual entre ella y yo.

Así que efectivamente, adopté a la Muchi, mi Muchi. Y no me preguntaron nada, no me pidieron copia de la cédula o lugar de residencia. Si quieres adoptar, puedes hacerlo tomando la iniciativa, lo rescatas y le das una mejor vida, tu cama, tu casa y tu corazón. Gracias Muchi por tanto.

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