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Chaplin era mi gato, aunque no fuera mío

Proteger a los felinos comunitarios de las malas intenciones de algunas personas es indispensable

Cuando iba a visitar a mi papá, yo disfrutaba esos fines de semana, sobre todo porque siempre había querido tener un gato, pero mi mamá no me dejaba, y en su edificio abundaban los mininos.

Había una señora que estaba pendiente de todos los gatos, los alimentaba y les ponía su plaquita y los mandaba a castra.

Era una señora mayor, no hablábamos mucho, yo estaba muy pequeña como para tomar algunas decisiones. Pero papá me dejaba tener a un gato en particular, que siempre era muy cariñoso.

En la plaquita,decía que se llamaba Chaplin y al principio, creí que era de alguien. Pero ni lo uno, ni lo otro. Ni se llamaba Chaplin, ni tenía una familia.

Supe que su cuidadora, le puso esa plaquita, de un gato suyo, que había muerto, por si mi Chaplin se perdía.

Desde que yo llegaba a casa Chaplin no me abandonaba, para mí, él era mi gato y papá me dejaba tenerlo, alimentarlo y cada domingo o lunes que me despedía de él, me iba con la ilusión de volver a encontrarlo.

La realidad es que él era un gato comunitario, había otros más, papá me contaba que Chaplin le trajo un par de amigos, Captus y Estrellita, como papá vivía solo, los dejaba entrar a la casa, comían, descansaban donde quisieran y se iban.

Juntos en la cama, Chaplin y yo
Juntos en la cama, Chaplin y yo

Así fue, como mi apego y amor por Chaplin iba en ascenso y mi madre sin querer que yo tuviera un gato. Anhelaba tanto los fines de semana. Chaplin nunca me rasguñó, nunca destruyó nada y siempre agradecía lo que le dábamos de comer, no pasaba lo mismo con su amiga Estrella.

Recuerdo que comprábamos las latas de sardinas y le poníamos arroz o pan, Chaplin y Captus no dejaban nada, pero Estrella, ella era una diva, nada de nada, olfateaba y se retiraba del plato.

Era divertido pasar de tener un gato a tener tres, eran días de tumbarnos en la cama a ver películas, rodeados de gatos jajaja. Papá me compraba algunas chucherías y cotufas, que comíamos mientras ellos dormían en la cama.

Así transcurrieron los años y crecí con ellos. Un día, papá me llama y me da la noticia más dura que jamás hubiera esperado. Los habían envenenado a todos.

Creo que pasé por lo menos tres días llorando, mi corazón se quebró como si fuera un vaso de vidrio y no podía hacer otra cosa más que culpar a todo el mundo.

Esos gatos eran tan aseados, que no hacían sus necesidades más que en el jardín y bien lejos, papá vivía en una planta baja y nunca vi cucarachas. ¿Cómo pudieron hacerle eso a esos gatos? ¿Por qué?

¿Quién le da derecho a alguien de jugar a ser dueño de la vida de otro? La última vez que vi a Chaplin, no quería irse, pero como de costumbre, tenía que irse y regresar hasta que papá volviera del trabajo.

Al final, todo ocurrió, porque papá tampoco lo dejó en casa, es que es difícil definir, si era de casa o si realmente era de calle.

Su cuidadora, era una señora mayor, ella los defendía y los ubicaba, pero ya no pudo hacerlo más. Y mucha gente, se tomaba la atribución de llevar gatos al edificio, porque la Señora Eva «se encargaría».

Una señora pensionada, cómo iba ella sola a esterilizar a todos sin la ayuda de nadie. Papá siempre le daba para el alimento y para algunas castraciones, pero era ella contra el mundo.

La trabajadora residencial le contó a la señora Eva, que la habían mandado a poner veneno y ella se rehusó. Aun así, lo hicieron de manera intencional y cuando papá regresó, casi todos, habían muerto.

Justo por este triste episodio hoy en día promuevo el respeto hacia los animales, y apoyo a quien sé que está solo en esta lucha. Tengo tres gatos, pero jamás borraré de mi memoria, todo el amor y esas tardes juntos con Chaplin, Estrella y Captus.

No me perdono el hecho de no presionar para que viviera en una casa y dentro de ella, protegido y resguardado de humanos como ese señor. Tal vez no conmigo, pero con alguien que lo amara tanto como yo lo amé.

Aun me duele, aun lloro, porque no quiero ni pensar en él buscando apoyo, agua, algo que calmara su dolor y que muriera solo, espero encontrarme con él y poder abrazarlo nuevamente y sentirlo calentito junto a mi.

Envenenar es matar, no te conviertas en asesino y si tú que me lees, quieres salvar a 100 gatos, empieza por esterilizar 1. Deten el maltrato, evita el sufrimiento, esteriliza y disfruta del privilegio de tener gatos en tu comunidad.

Una colonia felina controlada, ayudará a mantener a raya, roedores, insectos como cucarachas y otros no deseados. Los gatos agradecen a su cuidador por sus atenciones, ofreciendo «regalos».

Promueve las soluciones éticas y los valores en tu comunidad. Cuando muchas señoras como Eva, hacen la labor y reciben el apoyo constante y sostenido, mucho se hace.

No lleves gatos a tu comunidad, para que otro se haga cargo, asume el caso si tú eres quien lleva a ese animal a tu sector. Porque entonces, lo que estás haciendo, es mudar el problema y no solucionarlo.

Chaplin, un pedazo de mi corazón, llevará siempre tu nombre, gracias por todo.

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