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Blacky, el perrito que conquistó a una oficina completa

Fue encontrado a pocos días de nacido en una acera y con cuidado y amor pudieron salvar su vida

Yo iba rumbo a casa cuando me lo encontré. Estaba en la acera, un cachorro, ojos cerrados y hasta el ombligo pegado y no vi ni a sus hermanos, ni a su mamá.

Supuse que alguien lo habría dejado allí, porque él no podría haberse movido solito, es que era demasiado pequeño.

Así que lo agarré y lo abracé contra mi pecho, estaba helado, lo metí en el bolsillo de mi suéter y lo llevé directo al veterinario. Temía por su vida, al ser tan pequeño.

Llegamos al veterinario y la doctora lo primero que hizo fue realizarle un un reconocimiento general. Se tomó una pausa y me advirtió: Este perrito tiene un alto riesgo de que no lo logre, no sabemos cuánto tiempo tiene sin tu madre, sin comer y sin calor.

Su expectativa de vida era mínima. Me dio varias indicaciones para sus cuidados y allí mismo le compré una leche en polvo para cachorros y un tetero.

La doctora fue muy enfática, por favor, mantenlo caliente y aliméntalo cada 3 horas, recuerda estimularlo con un pañito húmedo, para simular el lamido de la madre.

Con la advertencia que podría no salir adelante el cachorro, pero que había que intentarlo.

Recuerdo que llegué a casa con el cachorro envuelto en el suéter, yo estaba de vacaciones, me incorporaba la semana siguiente, estaba un poco preocupada por cómo sería los días en los que estaría en la oficina.

Me concentré en las instrucciones que me dio la veterinaria y el cachorro ya estaba más calentito y todo marchó bien, hasta que llegó el lunes, debía ir a la oficina.

Primer día de trabajo

Me arreglé, me maquillé y entaconé, recuerdo que tenía dos loncheras, una con mi comida y en la otra al cachorro con su «pañalera». Me lo llevé a la oficina.

Llegué temprano a la oficina, saludé a mis compañeras de cubículo y no perdí tiempo, abrí una de las gavetas del escritorio, la que es más grande y ahí lo metí. Lo limpiaba con el pañito y le daba su tetero, todo bien, hasta que mi jefe convoca una reunión en otro piso.

Ya el cachorro era una extensión de mi vida, lo alimentaba de madrugada, lo atendía como si fuera su madre, tenía que contarle a alguien que en mi gaveta estaba el bebé, pero guardarían el secreto, gran duda.

Así que me armé de valor y le pedí al jefe una mini reunión y me dijo que estaba muy ocupado, pero que si no tardaba más de 5 minutos, me atendería.

La reunión de 5 minutos

Me preparé y bajé con mi pañalera y el bebé… le conté que tenía un cachorro en la gaveta y todo lo que eso representaba, que sin embargo yo haría bien mi trabajo y me detuvo en seco con una pregunta: ¿es hembra o macho? y yo desconcertada, es macho. Siguió: ¿Lo tienes ahí?

En seguida pidió cargarlo y me dijo, pocas personas harían lo que tú estás haciendo y eso dice mucho de ti, si ese cachorro sale adelante, quiero que cuentes esa historia a todos los empleados en el aniversario de la compañía, necesitamos más humanos en el mundo y menos robots.

Blacky hoy

Mi Blacky

Bueno, Blacky salió adelante y va a visitar la oficina de vez en cuando, todos lo quieren, porque es un perro muy dulce y hasta a los que no les gustaban los animales, llegaron a alimentarlo o a estimularlo, fue muy bonito el proceso con mis compañeros de oficina.

Además Blacky nos unió como departamento, en la empresa nos conocen como el departamento del cachorro, los del perrito, porque pedimos permiso para llevarlo y tenerlo en la oficina.

Cuando Blacky va, debo estar atenta a las cosas que quieren darle de comer, porque todos lo miman y algunos hasta dicen, «dame a mi sobrino» y lo presumen.

Blacky es un perro especial que se cruzó en mi camino, dicen que yo le salvé la vida, pero si no me hubiesen apoyado en la oficina, no habría podido alimentarlo cada 3 horas y menos mantenerlo caliente, creo que no habría sobrevivido.

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