Mundo Animal Perros

Adoptar sin tanto papeleo, así llegó Pantera a mi casa

Un animalito de la calle puede llegar a convertirse en nuestra querida mascota

Cuando vas por una calle transitada y ves a un cachorro,que por huir de la gente que pasa,se lanza a los carros ¿Qué sientes? ¿Qué haces? Bueno, te contaré, que así me rescató mi perro a mí. Sí, él me rescató.

Un día de octubre caminaba por la avenida Teherán, en dirección a La Vega, en Caracas y estaba un perro joven, flaco, negro, comiendo, muy nervioso, de la basura. Pero cada vez que alguien pasaba, el perrito se lanzaba a los carros, muy asustado. Debo confesar que no estaba en mis planes rescatarlo, pero sí sacarlo de la avenida y buscar un lugar un poco «más seguro».

Me agaché, lo llamé y mantuve la calma, para que él se acercara y confiara en mí. Me miró fijamente, como con duda, pero su nobleza fue superior. Caminó desconfiado, lentamente hacia mi, lo acaricié y le hablé con suavidad:

– No me vayas a morder, le dije y lo cargué.

Llegamos a casa, miró y olió todo, caminó reconociendo el espacio, le puse un poco de agua y busqué algo que él pudiera comer, se lo serví y lo devoró con una emoción, que no sabía si mover la cola y saltar o tragar entero.

Ya se había robado mi corazón con esos ojos llenos de duda y con tanto temor. Como pidiendo que yo no le hiciera daño, no tuve corazón para soltarlo en otro lugar que no fuera más seguro que mi propia casa. Pensé, voy a buscarle un hogar adoptivo y mientras, le daré refugio. Así empezó todo.

Me conmovió que se veía cachorro, tenía los dientes de leche, pero era más grande que un cocker, así que pensé, será muy grande, debo buscar un hogar urgente, antes de que me encariñe, pues en un apartamento es complejo tener un perro de raza grande, pero era tarde, ya me había enganchado con el animalito.

Ese día, lo bañé con agua tibia, tenía pulgas, garrapatas y el agua salía negra, tenía raspones y problemas de piel, supuse que era sarna, como había leído que con tratamiento se quitaba, me relajé. Bañadito y perfumadito, pasó la noche calentito en casa, lo saqué a pasear y me sorprendió que no hacía nada en casa, esperaba que yo lo sacara.

Al día siguiente, lo llevé al veterinario. El médico me dijo que el perrito, debía tener unos 5 meses, que a partir de los 6 ya debería tener sus dientes permanentes o empezar a mudar. Cuando le hacían la historia me preguntaron, nombre del perrito… yo: eh… Pantera, porque mi papá me lo sugirió, no había querido nombrarlo, porque dicen: si los nombras te encariñas y realmente no quería tener esa responsabilidad, era un perro que sería muy grande, por lo que dijo el doctor.

Le hice su tratamiento, empecé con la rutina de salidas y paseos, comprar alimento, consentirlo, jugar con él y en casa ya me ponían presión, está muy grande, cuando lo vas a dar en adopción y yo buscaba algún amigo que pudiera quererlo, no me sentía segura, hasta que alguien me dijo, tráemelo y así lo hice.

El día que lo entregué, lloré como si me estuvieran arrancando algo, al punto que la persona me dijo: «No quiero sentir que te estoy quitando algo, de verdad si quieres darmelo ok, pero si no, entonces no lo quiero». A pesar de eso, pensé, ella tiene una casa, yo vivo en un apartamento, estará mejor con ella… finalmente, pensando en una mejor oportunidad para él, pero con el corazón arrugado, se lo entregué.

Esa tarde llovió y yo estaba preocupada, le pedí a un buen amigo que vivía cerca que se asomara y viera si el perro estaba allí, si tenía un lugar donde guarecerse de la lluvia, mi terrible sorpresa, fue ver una foto, de un perro bajo lluvia, sí, era mi Pantera, lo había entregado a quien «lo quería» pero que no estaba dispuesto a cuidarlo, era un cachorro, con apenas su primera vacuna, no debía estar bajo lluvia.

Para resumir un poco el litigio, lo recuperé y es el dueño de mi corazón desde hace unos 10 años. Me ha salvado de depresiones, ha celebrado conmigo mis logros, ha soportados mis lloronas y me mueve la cola, me espera y me acompaña.

¿Qué aprendí de todo esto? Que no necesitas tanto papeleo para adoptar un animalito, que debes seguir tu intuición y siempre buscar apoyo de un veterinario, porque curarlo con sus indicaciones y su ayuda fue vital. Seguí todas sus indicaciones, lo vacunamos, desparasitamos, despulgamos y cuando tuvo 10 meses lo castramos.

Pantera es un perro alegre, sano, ya muy longevo y cariñoso. A su corta edad, ya había vivido una pesadilla en la calle, confió nuevamente en los humanos y yo lo entregué a alguien que lo quería para «cuidar la casa» pero no estaba dispuesto a «protegerlo», así que me prometí que siempre estará conmigo.

Él me rescató a mí y por cierto, nunca llegué a la Vega aquel día… llegué a mi casa y desde ese día, llegar a casa, es una celebración.

Sin embargo, no necesariamente todos los animalitos a los que les damos albergue como hogar temporal, mientras les conseguimos quien los adopte, necesariamente se quedan de forma permanente en nuestras casas. La idea es sacarlos del peligro de la calle y gestionarles un hogar definitivo.

Deja un comentario