Gatos

A Oreo mi gatita, no le gustan las caricias

Oreo

Oreo solo se deja acariciar cuando quiere ¿por qué?

Esto nos cuenta la familia de Oreo:

A oreo la encontramos abandonada cuando era chiquita, era mas blanquita que  con manchas negras, con el paso del tiempo, se le empezaron a notar sus manchitas negras.  No sabemos realmente cuántos años tiene pero son aproximadamente 12 años en la familia y es la reinade la casa.

Sí, ella es nuestra reina, pero también es neurótica, si ella esta molesta está molesta porque sí y no quiere que la toquen o que la fastidien, solo si ella se acerca o si ella lo permite.

No come jamón, tiene una dieta muy, muy, muuuuy estricta, su gatarina y una ESPECÍFICA porque si no no come absolutamente nada, neurótica y exigente, sí, pero no dejamos de amarla.

Oreo solo se deja acariciar cuando quiere

Mi familia dice que es solo cariñosa conmigo ya que a mi no me rasguña y ellos le temen, pero solo es que no saben cuál es el momento adecuado para darle cariño a Oreo. Obviamente ella no siempre está molesta, de hecho, cuando anda modo cariñosita es muy coqueta, se podría decir que posa para que uno la acaricie e incluso exige más si te detienes y ella no está satisfecha con la cantidad de cariño que se le dio, te da con su patita suavemente haciendo ver que quiere más aun, ella es un personaje y tiene su personalidad bien marcada.

Aprovechamos este temperamento tan gatuno de Oreo, para compartir estos consejos que ofrece la Fundación Affinity:

  • Presta atención a cómo manipulas al gato: ¿lo acaricias a favor del pelo o contra pelo? ¿Le das caricias largas o más bien cortas? ¿Sueles darle golpecitos? ¿Lo rascas? ¿Lo pellizcas? ¿Dónde concentras tus caricias? ¿En la cabeza? ¿En la barriga? ¿Intentas cogerle las patas? Ser consciente de lo que haces es el primer paso para modificar la manera de manipular al gato.
  • Aprende a leer las señales que te envía tu gato y estima su nivel de tolerancia con respecto a las diferentes zonas del cuerpo, al tipo de caricias, a la duración de la manipulación y al momento del día en el que es más receptivo.
  • A las primeras señales de aviso, deja de acariciarlo pero lo ideal sería parar antes. Si ya sabes que el gato no tolera una sesión de mimos de 2 minutos, deberías parar pasado el minuto, cuando la experiencia sigue siendo positiva. El contacto físico se puede prolongar solo si el gato aumenta de forma progresiva su nivel de tolerancia.
  • Si no has podido parar la sesión de abrazos y mimos a tiempo y el gato ya te está mordiendo o arañando, recuerda que retirar la mano de golpe, gritar o hacer movimientos bruscos puede excitarlo más y hacer que te agarre y muerda tu mano con más intensidad. Es preferible quedarte quieto y apartarte despacio.
  • Nunca castigues al gato ni física ni verbalmente por rechazar tus mimos: gritar, golpearle, apártalo bruscamente o tirarlo al suelo, no sólo no te ayudará a conseguir que le guste más recibir tus caricias, si no que le podría enseñar a tener miedo a las interacciones contigo y podría comprometer su relación.
  • Resiste a la tentación de tocar el gato «a traición». Si está durmiendo o despistado y no puede prever tus caricias inminentes, es preferible no tocarlo. De hecho para un gato poco tolerante a las caricias lo mejor es que él sea el que empiece las interacciones en lugar de ser tú el que se acerca. Y si no se te funciona habrá que potenciar las interacciones positivas que se realizan a distancia, por ejemplo utilizando la voz, el contacto visual y el juego.
  • No intentes retenerlo y forzarlo al contacto una vez ya se haya superado su nivel de transigencia. Es preferible no bloquear físicamente al gato ni cargarlo en brazos porque la sensación de sentirse atrapado y sin vías de huida puede asustarle, frustrarle y aumentar así su reactividad. En cambio sí se puede alejar, elegirá esta estrategia en lugar de volverse agresivo cuando ya no aguante más caricias.
  • Ten expectativas adecuadas sobre la relación con tu gato. Recuerda que para ellos el contacto físico no necesariamente es tan importante para que la relación sea armoniosa.
  • Aceptar que hay límites que respetar en la interacción con tu gato. Puede ser más fácil entender este punto si te paras a pensar que también en las relaciones humanas tenemos que respetar algunas normas para llevarnos bien sin resultar maleducados o invasivos. En la sociedad felina, un contacto físico excesivo y forzado va contra la conducta social normal.
  • Para aumentar la tolerancia del gato a recibir mimos, puedes acariciarlo por debajo de su umbral de tolerancia y ofrecerle comida durante el contacto. La idea es asociar el contacto con algo positivo como la comida, de manera que cuando se interrumpen las caricias, también se retira la comida.
  • El tiempo de contacto al principio es mínimo y se puede aumentar a medida que el gato muestra mayor tolerancia. Pero no quieras correr, los avances suelen darse poco a poco y si no se actúa con paciencia cuando el gato empieza a responder positivamente al ejercicio, su reacción puede volver a empeorar.Para aprender a realizar este ejercicio de la manera correcta es recomendable consultar con un profesional, pero ten en cuenta que incluso con este ejercicio no vas a conseguir un gato mimoso.

Cuando es un grupo familiar, es importante que todos comprendan el lenguaje o traten de entenderlo, sobre todo los más pequeños, si hay niños en casa, ayúdalos a reconocer cuando el gato está relajado y cuando se está poniendo tenso. Si los niños son todavía muy pequeños, habrá que vigilar todas las interacciones para evitar malos entendidos. Además los más pequeños pueden asustar al gato con sus movimientos bruscos y pueden ser especialmente insistentes a la hora de acariciarlo o interactuar con él.

A muchos gatitos les encanta recibir caricias de sus propietarios pero para aquellos que no las disfrutan y solo las toleran por obligación pueden representar una importante fuente de estrés.

Evita tocarlo de una forma que ya sabes que no le va a gustar y tampoco toques ninguna de sus zonas prohibidas.

Convivir es una cuestión de aprender a entenderse y respetar las necesidades de cada uno. Observa tu gato, descubre cuáles son sus gustos y necesidades y respétalos.  

Como Oreo, hay un montón de papás y mamás gatunos que aun sin comprender el lenguaje de su gato, recibiendo rasguños o mordidas, los aman, los cuidan y los miman, aunque sea de lejos. Porque, los gatos no son como los perros, los gatos son un mundo aparte y solo quien tiene un gato o los ha tenido, comprende, lo que es amar con total desapego.

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